VI. POR MIEDO
La dejé marcharse sola...
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y, sin embargo, tenía
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para evitar mi agonía
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la piedad de una pistola.
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"¿Por qué no morir? —pensé—.
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¿Por qué no librarme desta
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tortura? ¿Ya qué me resta
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despúés que ella se me fue?"
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Pero el resabio cristiano
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me insinuó con voces graves:
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«¡Pobre necio, tú que sabes!»
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Y paralizó mi mano.
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Tuve miedo..., es la verdad;
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miedo, sí, de ya no verla,
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miedo inmenso de perderla
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por toda una eternidad.
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Y preferí, no vivir,
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que no es vida la presente,
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sino acabar lentamente,
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lentamente, de morir.
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Análisis métrico
20
Versos
8.1
Media silábica
161
Sílabas totales