SONETO XXXIII
Ya las aves del ángelus vuelan en mi comarca;
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la bujía de Véspero se apaga en insondables
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tinieblas, y en connubio de arrobos inefables
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en torno mío el brazo de la muerte se enarca.
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Ya a mis pies insinúa, sigilosa, la barca
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de la noche sus mudos ébanos implacables,
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y los luceros urden, premiosos, con sus cables
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de luz, ante mis ojos, las redes de la Parca.
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Al turbador influjo que la penumbra instila
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fatígase el galope de la sangre en mis venas,
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el fuego del arcano se enciende en mi pupila,
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y el espíritu, aroma que mustia flor exhala,
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libre por un instante de sus duras cadenas,
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en misterioso impulso la eternidad escala.
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Análisis métrico
14
Versos
14.9
Media silábica
208
Sílabas totales