SÉPTIMAS CONVERSIÓN A LA FILOSOFÍA
Llegose a mí con el semblante adusto,
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con estirada ceja y cuello erguido
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(capaz de dar un peligroso susto
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al tierno pecho del rapaz Cupido),
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un animal de los que llaman sabios,
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y de este modo abrió sus secos labios:
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"No cantes más de amor. Desde este día
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has de olvidar hasta su necio nombre;
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aplícate a la gran filosofía;
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sea tu libro el corazón del hombre".
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Fuese, dejando mi alma sorprendida
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de la llegada, arenga y despedida.
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¡Adiós, Filis, adiós! No más amores,
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no más requiebros, gustos y dulzuras,
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no más decirte halagos, darte flores,
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no más mezclar los celos con ternuras,
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no más cantar por monte, selva y prado
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tu dulce nombre al eco enamorado;
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no más llevarte flores escogidas,
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ni de mis palomitas los hijuelos,
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ni leche de mis vacas más queridas,
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ni pedirte ni darte ya más celos,
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ni más jurarte mi constancia pura,
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por Venus, por mi fe, por tu hermosura.
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No más pedirte que tu blanca diestra
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en mi sombrero ponga el fino lazo,
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que en sus colores tu firmeza muestra,
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que allí le colocó tu airoso brazo;
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no más entre los dos un albedrío,
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tuyo mi corazón, el tuyo mío.
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Filósofo he de ser, y tú, que oíste
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mis versos amorosos algún día,
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oye sentencias con estilo triste
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o lúgubres acentos, Filis mía,
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y di si aquél que requebrarte sabe,
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sabe también hablar en tono grave.
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Análisis métrico
36
Versos
11.3
Media silábica
407
Sílabas totales