PENUMBRA
A veces era un tálamo siniestro,
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la luna pavorosa, el terraplén
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donde las manos nos sudaban de repente
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al brincar al otro lado,
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el musgo crecido sobre el hormigón de la baranda,
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las espinas del limonero en los brazos
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o a veces sólo el rostro que hizo el viento
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al ondear la hierba en ambos lados del camino.
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Él estaba en todas partes, como el polvo.
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Las cosas emigraron con el tiempo,
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esa herida del tapiz,
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una mancha de madera en la pared
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y el espejo roto de vergüenza.
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Debí entonces aprender que para no perdernos
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hay que abrazarnos al cuerpo de los que no están.
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Análisis métrico
15
Versos
12.6
Media silábica
189
Sílabas totales