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ORACIÓN DEL SÁBADO (MI PADRE)

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
¡Me complace tanto, 6
Padre mío muerto, 5
poner al frente de mi Canto 9
a tu memoria suprema 8
aquel símbolo del árbol en el puerto, 12
que tanto amabas al principio de mi Poema! 14
El viejo símbolo del tronco junto al mar 13
o de la columna derribada 10
es más simple para quien quiere cantar 11
sin inventar nada. 6
Recuerdo... eso es todo: visión 10
del buen tiempo tuyo sobre el mar de Occidente... 15
Yo me hundí hasta los hombros en el Mar de Colón 15
y tu luz estaba en mi frente... 9
Entonces tenías tronco seco, 9
Padre, pero en el cielo la cerviz; 11
ahora te has plegado en ti mismo hasta el hueco 17
y eres sólo raíz. 5
Blanca la copa era y móvil en el viento 13
y dulce y ágil tu verdad 7
y ahora es lo más triste de tu eterno momento 16
la retama de la inmovilidad. 11
Recuerdo... ése es todo mi Canto, 11
Padre, fugaz como una estela, 11
un camino que va del camposanto 11
a la Escuela. 5
Te recuerdo, joven y fuerte, 8
con cierta amargura transitoria; 11
—tu buena madre murió al tenerte 11
y eso no se borró de tu memoria—. 11
Eras Poeta y Médico y no es raro 11
que fueras algo loco; 7
escribiste un soneto a Bolívar, muy bello; 15
eras Poeta... ¡claro! 6
de ti me viene un poco 8
de “aquello”... 4
Fuiste el discípulo amado 10
del Colegio de la Ascensión 9
que hoy tiene en la puerta un soldado 12
y en el patio una guarnición. 9
En una plaza amarilla de abrojos, 13
Rector de tu Colegio, diste el latín y el griego, 15
diste luz, Tú, y un mal saltó a tus ojos 12
y por poco te deja ciego. 8
Amabas tu golfo y tu cielo 9
y el pueblo chiquitín donde naciste 11
donde está la tumba de mi abuelo 12
y de mi abuela que no conociste. 11
Pasó el caballo de la Guerra 10
por mi casa y le brincaste al anca 11
y diste tu pan y tu tierra 7
por una bandera blanca. 8
Fuiste a la cárcel; yo te vi 9
una vez en tu calabozo: 9
tu Virtud sonreía allí 7
como un lucero en un pozo. 10
Mi hermano te llevaba la comida; las fieras 15
te decomisaron las barajas 10
y en los campos con las banderas 9
blancas hacían mortajas. 7
Después te confinaron a la Isla y la amaste 15
como lo amaste todo, la libertad y el cautiverio, 17
y a los cinco años le sembraste 10
la flor de una hija en el cementerio. 13
Cuando vinimos aquí ya eras magro 12
como un principio y dulce y grave y yermo 12
y te metías como un milagro 9
entre la casa del enfermo. 9
Eras sabio y te bebías 7
la noche, como un estudiante, 10
sabiendo más todos los días 8
y amando mucho más a cada instante. 12
¡La Ciencia! Tu Ciencia era la calma 11
de una esperanza superior, 10
la bigamia de tu alma 8
que compartía nuestro amor. 8
Y nunca la ejerciste rudo y con suficiencia, 14
tú eras un ansia de saber para curar; 13
espiar a Dios era tu Ciencia: 9
alzar una cortina con sigilo y mirar... 13
Junto al enfermo se te sentía 10
Apóstol; tu sonrisa curaba cada día 13
más que la Ciencia acaso; ¡cuántas veces la yema 15
de tu dedo en el pulso adivinó la Muerte!, 15
pero en tu rostro manso la sonrisa suprema 15
daba una fe tan grande, que curabas con verte. 15
¡Sobre cuánto corazón 7
tu cabeza blanca fue a auscultar la vida! 14
¡Tu cabeza de algodón 8
sobre el corazón de la herida! 11
Pero donde eras más santo 9
era curando a un niño; 9
tus manos se aniñaban para no dar quebranto; 15
para auscultarle el pecho sin provocarle el llanto 17
le dabas de juguete tu cabeza de armiño... 15
Y te estabas frente al cuerpecillo 11
del niño que no habla, descubriendo su mal 13
y dabas vueltas a tu anillo 9
e ibas viendo con tu celestial 10
virtud de adivinación 8
en el globo del cuerpo de cristal 10
el pez rojo del corazón. 8
Padre, en la Cátedra tu dulce verbo era 14
la metáfora de la corriente 10
que lleva flores en la cabecera 11
y las deja encalladas en el pilar del puente, 14
para que las recoja la pasajera 12
y el profesor omnisapiente, 9
y el traficante que va de carrera, 11
y el novio ausente, 6
y la hija de cualquiera, 7
y el hijo de toda la gente, 9
y el estudiante calavera, 9
y la mano nevada por el jabón reciente 13
de la muchacha lavandera 9
que encuentra florecida su espuma de repente. 16
Padre mío, perpendicular al suelo, 11
luminoso de canas, 7
como el sol en medio del cielo, 10
a plomo sobre las sabanas. 9
¡Amigo mío, sin paralelo, 9
amigo sin codicia y sin celo, 10
amigo de todas las tardes y de todas las mañanas! 16
Tu amistad era de modo 9
que tu amigo era bronce si tu amigo era lodo; 18
tú no tenías sino amor para todo. 12
Al noble compañero que te dio la mano 13
le quisiste como a tu hermano 11
y al que tuvo el corazón incapaz 11
le diste el tuyo y le dejaste en paz. 12
Gozaste la delicia de vivir ignorado 14
y ésa era tu soberana vanidad, 12
la vanidad de sentirte honrado 11
y de decir la verdad. 6
Padre mío, me amaste como a Dios en la vida, 15
con un amor inmaterial; 8
me quisiste Poeta; no te importó la herida 15
que pudiera dejarme el mal; 9
podía tanto tu razón suspendida 11
a lo espiritual 6
que me querías pobre, pero Poeta... Asida 13
tu mano a mi hombro en mi noche triunfal, 13
me dijiste, llorando tu delicia escondida: 15
—Tú eres mi orgullo y mi caudal... 10
Y ahora encuentro en todo mi nombre en tus papeles 17
y un verso mío a cada paso 9
y el laurel de todos mis laureles 10
es ese orgullo tuyo de tu vino en mi vaso. 16
He buscado en tus ropas. ¡Y encontré tantas cosas 15
tuyas!... recetas; el reloj; mi retrato; 12
medallas; un pañuelo de seda oliendo a rosas; 16
cuentas, facturas, prosas, 7
alguna carta que te dio un mal rato, 12
un rosario pequeño de Limpias o de Roma 14
y aquellos versos que algún día 9
tendrá que agradecer a tu energía 12
todo varón que el propio pan se coma... 12
Y en un bolsillo estaba 8
—¡oh Padre, buen amigo!— 7
con la calderilla para el mendigo 12
el guante de la mano que la daba. 11
Estabas floreciendo de nuevo en estos días, 14
Padre; soñabas un mes en la Riviera, 12
suspirabas por el París de tus alegrías, 13
Sevilla en días santos o Italia en Primavera. 16
No adivinaste que te morías 10
y moriste de pronto, sin saberlo siquiera... 13
Dios dormía esa noche, porque de otra manera 15
aquí, en tu silla larga, junto al patio estarías... 16
En una misma cama se han dormido 12
mi madre y mis hermanas. Todo es negro en el lecho 16
y el llanto entresoñado tiene el mismo latido 16
de aquel buen corazón que se paró en tu pecho. 15
Su orfandad es tan mansa 8
que parece la sombra de tu luz que descansa. 14
Y allí duerme la Madre, la hermosa novia aquella 16
que junto al mar te enamoró 10
y una noche tal vez, bajo una estrella, 13
soñó en un hijo tuyo, poeta, como yo... 13
En la casa de luto 7
se cerró la ventana, se amortiguó la planta; 15
nada ha sabido el turpial disoluto 13
y canta más porque más nadie canta... 10
Sí, Padre Mío, canto yo... por cuanto 10
cantamos dos, es cierto, 7
como si tú estuvieras floreciendo en el puerto 16
y el ave y yo nos complacemos tanto 11
que el turpial en tus ramas va a comenzar un canto 16
y yo, abrazado al tronco de mi símbolo muerto, 15
morderé, Padre mío, la raíz de mi llanto... 12

Análisis métrico

190 Versos
11.2 Media silábica
2121 Sílabas totales