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Murió de nuevo un día… yo la amaba

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
II 1
Murió de nuevo un día... yo la amaba, 12
mas sin remedio se murió ese día... 11
—«¡Vuelve, Rabino, vuelve!»... —yo clamaba— 11
pero el Rabino rubio no volvía. 11
Pasó la niña veinte siglos muerta, 11
murió Cafarnaún de Palestina 10
y el alma mía, inútil y desierta, 10
lloraba de inmortal sobre las ruinas. 12
¡Y la amaba, la amaba!... Su blancura 12
la buscaba en la blanca nebulosa, 12
su cabellera entre la noche oscura 13
y en el Poniente su color de rosa... 11
Y al fin la hallé... Escondida entre los tules 14
de una puesta de sol, estaba Ella; 12
su carne inmóvil entre dos azules 12
inauguraba la primera estrella... 12
Y la encontré más blanca todavía, 10
flotando en el azul, sin vestidura, 12
¡qué blanca estaba así!... la niña mía 12
tenía veinte siglos de blancura... 10
Clamé al Amor entonces... Voces buenas 12
dijeron a lo lejos: —¡Te ha escuchado!— 13
clamé al eterno Amor... y a mi lado 12
la blanca niña era una nube apenas... 14
Llegó el Amor. Los cielos fueron mudos, 12
su leve paso silenció la esfera, 12
llegó el eterno amor de pies desnudos, 13
maduro el trigo de la cabellera... 12
«No es muerta... duerme!»... y le ordenó: 10
—«¡Levanta!» 3
y Ella se alzó, delgada de martirio, 12
y una voz le subió por la garganta 11
como una abeja que abandona un lirio. 15
Y ha vuelto a mí... su cabellera oscura, 13
su misma voz... pero en la mano fría 11
con veinte siglos de amasar blancura, 12
persiste el miedo de morirse un día... 12

Análisis métrico

38 Versos
11.3 Media silábica
430 Sílabas totales