MEMORIA DE LA CARNE
Por la noche, con la luz apagada,
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miraba a través de los cristales,
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entre los conocidos huecos de la persiana.
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Como un rito o una extraña costumbre
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la escena se repetía, día tras día,
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igual siempre a sí misma.
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Frente a frente su ventana,
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la veía aparecer y bajo la tenue claridad de la luz,
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lentamente, irse haciendo desnuda.
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Sus ropas caían sobre la silla,
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primero grandes, luego más pequeñas,
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hasta llegar al ocre color de su cuerpo.
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Andando o sentada, sus movimientos tenían
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la inútil inocencia del que no se cree observado
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y la imprevista ternura del cansancio.
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Cuando todo volvía a la oscuridad,
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los apresurados golpes del corazón
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se aquietaban con una sosegada plenitud.
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De quien así, ocultamente deseé,
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nunca supe su nombre
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y el romper de su risa es aún el vacío.
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Sin embargo allí, en la perdida frontera de los catorce años,
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por encima del Latín imposible
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y de los misteriosos números de la Química,
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el temblor detenido de mis manos,
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la turbia fijeza de mis ojos sobre ella, permanecen,
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dando fe de aquel tiempo, memoria de la carne.
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Análisis métrico
27
Versos
12.7
Media silábica
342
Sílabas totales