LAS FLORES DEL GUAYACÁN
Cuenta la vieja leyenda
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de una raza desgraciada,
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que fue en los pasados siglos
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de esta tierra soberana
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raza que tuvo su historia,
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pero una historia de lágrimas,
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copiosa como los ríos
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que bajan de sus montañas.
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Historia que yo he leído
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con el alma desgarrada
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en las rocas y en los árboles
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de los valles de mi patria.
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Que allá en los lejanos bosques
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donde florece la caña
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y confunden sus aromas
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el dátil y la guayaba.
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Bosques que guardan la cuna,
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como muralla sagrada,
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del Paraná, cuyas ondas
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besan y lavan su planta.
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Hay un árbol gigantesco
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de alto tronco y hojas anchas,
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de que el guaycurú valiente
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fabrica flexibles lanzas.
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Arbol que el rayo respeta
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y acarician las borrascas,
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que el sol del trópico quema
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con sus torrentes de lava.
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Arbol que en la primavera
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se viste de flores pálidas,
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que airoso lleva en la frente
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como guirnalda dorada.
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Sabe el indio de esas flores
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una leyenda fantástica,
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que repite en el silencio
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de las noches estrelladas.
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Dice que en el rubio seno
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de su corola gallarda
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se anida una mariposa
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de fosforescentes alas.
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Habitante misterioso
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que sólo han visto las auras
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cuando pasan, murmurando
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de las ondas la insconstancia.
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Mariposa que en un día
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rompe su cárcel dorada,
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y va a confiar a otras flores
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los secretos de su alma.
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¿Qué les dice? ¿Qué les cuenta?
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Sólo lo saben las auras,
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confidentes de las penas
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de aquella selva encantada.
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Corto es su viaje, muy corto;
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apenas luce sus galas,
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ya siente venir sobre ella
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las noches y las borrascas.
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Ya va a ocultarse de nuevo
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bajo las rastreras plantas,
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dejando a la selva atónita
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el recuerdo de sus gracias.
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Muere o vive - no se sabe, -
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tal vez ni las mismas auras
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con sus coloquios dulcísimos
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se atreven a despertarla.
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Pero un día se alza erguido
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el "guayacán" de hojas anchas,
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del polvo que aquel insecto
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fecundizó con sus alas.
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Preciosa historia a fe mía,
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historia de amor y lágrimas
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que merece acompañarse
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con los acordes del arpa.
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Es la historia, hija querida,
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llena de inocente gracia,
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de la mujer en el mundo
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de mil peligros cercada.
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De la mujer en el mundo,
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de la pasión la borrasca,
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¡ay! si la lluvia del llanto
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viene a humedecer sus alas.
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Su vida es corta, muy corta,
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luce un instante sus galas
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y derrama en los espacios
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el aroma de su alma.
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Pero su destino es grande,
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aunque se oculte ignorada:
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¡fecundar con sus virtudes
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de la familia la planta!
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Análisis métrico
89
Versos
8.5
Media silábica
756
Sílabas totales