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LA VIRGEN DE MURILLO

Autor del poema: Carolina Coronado
Hombres, hacia la tierra humildemente, 12
la cabeza inclinad respetuosa: 11
que voy a pronunciar maravillosa 11
palabra, grande voz, nombre eminente: 12
hay un genio español que alzó su mente 13
tan alta, que a la Virgen madre hermosa, 13
que habita de los cielos las moradas 12
alcanzó a divisar en sus miradas. 12
Y de la virgen describió a la gente 11
el celestial contorno, el colorido 12
albo-azul de su frente, confundido 12
de su mejilla entre el carmín naciente; 13
y retrató su seno trasparente 10
la leche al dar a su Jesús querido 12
y aquel amor con que a Jesús miraba 12
y aquella luz que a entrambos circundaba. 13
Descubra su cabeza el extranjero 12
de remotas o próximas naciones 11
cuando escuche sonar en mis canciones 12
ese nombre que llena el mundo entero: 13
para alzarse de pueblos el primero 12
si no hubiese de gloria otros blasones, 13
bastante España con mostrar hiciera 12
un lienzo de Murillo por bandera. 11
¡Murillo!... ved, sus cuadros nos hurtaron 11
para adornar su tierra extrañas gentes 13
y los hijos de España indiferentes 12
como limosna el hurto les dejaron; 12
que la feraz campiña en que brotaron 12
en profusas espigas las simientes 11
no empobrece, aunque vengan de avecillas 14
cien bandos a comer de sus gabillas. 11
¡Descubríos, isleños poderosos, 10
que bajo el cauce, transitáis, de un río! 12
¡Descubríos, del grande señorío 9
del Pirineo dueños orgullosos! 10
¡Descubríos, también, los tan famosos 10
hijos del Po! repite el labio mío 11
el nombre de Murillo, y reverentes 11
debéis mostrar desnudas vuestras frentes. 11
Españoles, ¿no veis aquel mendigo 11
entre humildes harapos encubierto 12
que hambriento y frío vaga medio muerto 11
de su patria en el suelo ¡ay! enemigo?... 13
Pues el mendigo aquel lleva consigo 12
misterio tal que a seros descubierto 12
nombre tan alto, fama tanta os diera 12
que hubiera os de admirar la Europa entera. 16
Aquí el artista está, aquí Murillo, 13
mas ¿a dónde los lienzos, los pinceles, 11
do están las tintas que os transmitan fieles 13
las creaciones del joven mendiguillo? 11
Os halaga la fama, anheláis brillo, 12
os placen, españoles, los laureles 11
y dejáis perecer en todas partes 10
de miseria los genios y las artes. 10
¿Será preciso que el pintor sagrado 12
rompa sus venas, corte sus cabellos 11
y en la negra pared trace con ellos 11
una divina imagen por dechado, 12
para advertirte, pueblo abandonado 13
a la indolencia, en tus jardines bellos, 13
que sofocado en mísera pobreza 12
yace un germen allí de tu grandeza? 12
Genio es de bronce, el que a luchar contigo, 14
pueblo español, osado se levanta 12
si entre tus rudos brazos no quebranta 12
sus miembros y en la tumba da consigo. 11
¡Cuánto habrá de vencer ese mendigo: 12
antes que pueda alzar la imagen santa 13
de la Virgen que lleva en su memoria 12
del mundo admiración, de España gloria! 13
Tú, tú dejas, Iberia al gran Cervantes 12
perecer de miseria abandonado, 12
tú a la vecina Francia has regalado 13
los huesos de tus hijos más amantes; 11
tú, Iberia, no mereces las triunfantes 12
coronas, que tus héroes te han logrado; 12
vivos, morid los haces de despecho, 11
muertos, les niegas en tu campo un lecho. 12
Empero vence el genio, y a tu planta 12
sus obras pone y tu desdén perdona 11
que para ti, no más él ambiciona 11
los triunfos que ganó con pena tanta, 11
«coloca en el collar de tu garganta 12
ese brillante -dice- alta matrona, 12
y aunque olvides, ingrata, al colocarlo 13
que mi exislencia consumí en tallarlo». 13
Tú, lucha, y vence así, pobre mancebo, 12
labra esa joya más que España ostente, 14
que te desdeñe a ti; más, que presente 12
a la Europa su faz con brillo nuevo; 12
ni ambición de poder, ni de oro cebo 13
mueven, Murillo, tu entusiasmo ardiente, 13
tu genio, gran pintor, se eleva al cielo 13
y están oro y poder tocando al suelo. 12
Ya los de Italia con asombro admiran 13
del inspirado artista las creaciones, 12
ya en los templos reciben oblaciones 12
sus vírgenes que santo amor inspiran; 12
ya los franceses codiciosos miran 11
sus lienzos, y ya míseras pasiones 10
en torno se levantan de Murillo 11
ardiendo en sed de sofocar su brillo. 12
Del joven español la fama crece, 11
medra su celo al par de la fortuna 12
y una virgen, más bella que ninguna, 11
hoy en sus nuevos lienzos aparece; 11
el manto que en sus sienes resplandece 12
van va las pinceladas una a una 12
tendiendo airosamente por la espalda 13
y replegando en orlas a su falda. 11
Mucho estima el pintor la imagen bella 14
cuando perenne así desde la aurora 13
hasta que baja el sol, hora por hora, 12
sin descansar jamás, trabaja en ella; 12
halla Murillo en la hermosura aquella 14
hechizo y magia tal fascinadora 11
que hasta celoso por su virgen pura 12
no deja penetrar allí criatura. 11
Mas un pintor, que de la Italia vino, 12
del español pintor el arte alaba 12
y éste de aquella imagen que adoraba 14
mostrarle quiso el rostro peregrino; 12
y no advierte el mirar torvo y malino 12
con que el de Italia en él los ojos clava 14
cuando la dulce y virginal María 10
examinó con atención sombría. 10
Propicia está la noche, por lo oscura 13
del asesino a los siniestros pasos. 12
No hay luna y brillan en el cielo escasos 13
luceros, del nublado en la espesura; 13
si un crimen se medita, ésta es segura 14
noche para intentar horribles casos. 12
Sepultarán las sombras al que muera 11
y salvarán las sombras al que hiera. 10
Mirad allí de Nápoles al hijo, 11
lleno de ponzoñosa envidia y saña 12
como en la oscuridad, cual sombra extraña, 14
envuelto marcha con andar prolijo; 11
en su mano un puñal brillara fijo 12
si alumbrara de pronto el sol de España; 14
medita un golpe... de Murillo el pecho 13
osa amagar, y corre hasta su lecho. 12
En él reposa de fatiga tanta 11
de Murillo el espíritu cefrado 12
suspensa en la pared tiene a su lado 13
la hermosa imagen de su virgen santa, 13
y aun durmiendo a sus ojos se levanta, 12
como el sol al nacer, el rostro amado 13
que elevó su pincel desde el oriente 13
hasta el alto cenit resplandeciente. 12
Y tanto en el ensueño los sentidos 11
del sacro artista yacen embriagados 12
que no advierten los pasos recatados, 12
de un hombre que se acerca, sus oídos, 12
los triunfos de su genio esclarecidos 12
del de Italia en el alma están clavados 14
con odio tan profundo, de tal suerte, 11
que los viene a arrancar hoy con su muerte. 13
Camina poco a poco el asesino, 13
late con fuerza su anhelante pecho, 12
al borde llega del tranquilo lecho 11
y alza el puñal, con tan horrible tino, 12
que amaga traspasar en su camino 12
por la mitad del corazón derecho 11
tornando el sueño aquel, en un segundo, 13
en sueño más tranquilo y más profundo. 11
Mas, con el hierro en alto, de repente 12
inmóvil el feroz napolitano, 11
queda: las fuerzas faltan a su mano 11
y en sus venas la sangre helada siente... 12
En la oscura pared que tiene en frente 13
claro, como el lucero del verano, 12
el rostro de la Virgen de Murillo 11
surge alumbrado por su propio brillo. 12
Del centro de sus ojos se desprende 11
un fulgor diafanísimo y brillante 11
que ilumina el perfil de su semblante 13
y por sus formas célicas se extiende; 11
el rostro, el talle, el manto que desciende 13
hasta sus mismas plantas ondulante, 11
como por luna llena iluminados, 12
distínguense en el lienzo proyectados. 12
Suave matiz de purpurina rosa, 11
azul de lirio tenue y trasparente, 11
albo de frescos nardos tiñen frente 11
boca y mejillas de la madre hermosa; 12
mas hay una expresión tan dolorosa 12
de aquellos ojos en la llama hiriente 13
que hicieran deshacerse en tierno llanto 13
el corazón más duro, con su encanto. 12
Dulce reconvención, triste querella, 11
enojo maternal, piedad amante 11
muestra en el melancólico semblante 12
la santa y virginal figura aquella; 12
parece que a exhalar su boca bella 13
va una súplica amarga y penetrante, 13
parece que demanda a los cristianos 12
«¿hijos, por qué os odiáis si sois hermanos?» 12
Dobla el napolitano ambas rodillas, 13
entrambos brazos cruza humildemente 12
y ante la Virgen ora reverente 11
absorto en las celestes maravillas: 12
ruedan, por vez primera, en sus mejillas 12
gotas de arrepentido lloro ardiente, 13
y luego... silencioso y asombrado 10
huyóse de la estancia apresurado. 13
¡Duerme, sacro pintor, duerme en reposo 12
y al despertar mañana con la aurora 12
saluda a la hermosísima Señora 13
que ha velado tu sueño peligroso; 12
protégete su celo cariñoso, 11
dirígete su mano bienhechora 11
¡hasta dónde, Murillo, irá tu fama 12
siendo tu guía tan celeste dama! 10

Análisis métrico

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