LA IRA DE DIOS
Si el corazón como un durazno seco
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y sin vitales sabias, y el verano, como un buitre
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que sin cesar golpea las puertas del destino
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para recordarnos, que sólo sombras errantes somos,
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recuerdos de un pasado aferrado a la pequeña inmortalidad
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del deseo (ser no es querer perseverar en su ser Spinoza, no),
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sino desaparacer, trasponiendo umbrales, ir más allá,
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del otro lado, pórque siempre existe lo abierto y el
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vuelo de lo abierto —lo sabe el pájaro, si, lo sabe—,
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y el deseo jugando en ese espacio, también abierto
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de otra memoria más profunda que esta.
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Ay Thanatos! Si Eros quiere profundidad
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aún en tus pasadizos y sombras, por lo que preferimos
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pasar, y contemplar admirados a la doncella de rizos
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de oro, sonriendo bajo las aguas y los saucos,
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ofreciéndonos el cáliz del olvido, abriéndonos
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las puertas
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a los cielos más leves y a los aires más puros,
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mientras dos ángeles nos sostienen junto al abismo
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que ya no abismo sino caer levísimos hacia arriba,
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mientras los dioses nos sonríen, a traves de la pequeñísima
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"inmortalidad" del deseo donde se disgrega el ser y el
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tiempo deja caer sus dardos sobre nuestrtas almas.
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Análisis métrico
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Versos
15.5
Media silábica
357
Sílabas totales