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LA GLORIA PEQUEÑO POEMA EN DOS CANTOS CANTO SEGUNDO LA CORONA SIN CABEZA

Autor del poema: Manuel Acuña
I 1
Entre el canto primero y el segundo 12
Han pasado dos años, 7
Y como todo pasa en este mundo, 11
Que si en algo es fecundo 9
Es por desgracia eterna, en desengaños, 13
Aquel montón de flores 7
Donde vimos dormir como en un nido 12
A nuestros dos hermosos soñadores, 11
Aquel montón de flores se ha perdido 12
Con la triste esperanza, en sus dolores, 13
De encontrar el remedio del olvido. 12
II 1
Dos años han pasado, 7
¡Y el corazón de Elena está ya helado!... 14
Ella que era tan buena, 8
Ya no es aquella Elena 9
A la que el pobre Pablo enamorado 13
Le consagraba en su ilusión serena 13
La gloria que aún no había conquistado... 12
En la triste boardilla, 7
Que aunque muy miserable y muy sencilla, 12
Era en tiempos mejores 8
Todo un cielo de encantos y de amores, 13
Hoy no se encuentra más que el desaliento, 13
El tedio, la amargura, la tristeza, 12
Y en medio de todo esto una cabeza 13
Donde duerme muy triste el pensamiento. 12
Y así es que Pablo, el que en su dulce encanto 15
No lloraba jamás con otro llanto 11
Que el llanto del placer y la alegría, 11
Hoy llora en su amoroso desencanto 13
Con el que antes de amar no conocía; 12
Repasa una por una, 8
Aquellas dulces horas tan hermosas 11
En que después de hablar de muchas cosas 12
Siempre olvidaban al partir alguna; 12
Al dar la media noche, vuelve aquélla 12
Que por primera vez lo halló con ella; 12
Y tropezando al delirar en eso 11
Con aquel lindo beso de aquel día 11
Tan dulcemente en su memoria impreso, 13
¡Ni puede resistirse a enviarla un beso, 14
Ni puede aborrecerla todavía!... 11
III 1
—«¡Hacer, y hacer lo que hizo!»— 8
Saltaba él sollozando de improviso. 13
—«¡Ella que era tan pura y cuya frente 12
Un cielo hermoso de virtudes era, 12
Tener que huir del mundo y de la gente 11
Como la infamia o traición lo hiciera! 13
Matar al sol para sus ojos bellos 11
Bajo la noche en que el dolor la abisma, 14
Y sintiendo las lágrimas en ellos 10
Envolverse la faz en sus cabellos 11
Con la vergüenza horrible de sí misma; 12
Buscar en otro pecho las dulzuras 11
De que mi pecho rebosaba lleno, 11
Sin dejar a mi amor salvar del cieno 12
Sus alitas tan blancas y tan puras. 10
¡Ay! cuando yo por alfombrar su huella 11
Si para alzarse al cielo hubiera sido, 14
Con la paloma deshaciendo el nido 12
Hubiera dado el corazón por ella...» 12
Y Pablo en el dolor que le devora 11
De su vida ante el páramo desierto, 13
Se inclina y gime y languidece y llora 12
Como deben llorar en la última hora 13
Los inmóviles párpados de un muerto. 12
IV 1
A veces, muchas veces, Pablo suele 11
Con la ilusión de que esto le consuele 13
Buscar en el trabajo y la lectura, 11
Olvidando las penas de aquí abajo, 13
Esa tregua al dolor que la amargura 13
Encuentra en la lectura y el trabajo... 12
Coge los libros que en mejores días 11
Formaban de su afán las alegrías, 11
Y abriéndolos por fin con el denuedo 11
De una resolución bien meditada, 12
Después de mucho leer y no leer nada 10
Concluye al cabo por decir —¡no puedo! 12
Busca y toma en seguida 8
La misma pluma aquella 8
Que de manos de Elena recibida, 12
Le ayudó con los sueños de su vida 12
A escribir tantas páginas para ella... 13
La clava en el papel febricitante 12
Como queriendo huir de su memoria 11
Y tratando de hacer la de otro amante, 13
Mas la historia que escribe es semejante 14
A la historia de Elena y a su historia, 14
Que aunque la buena lógica concluya 12
Que historia escrita así no ha de ser buena, 15
Raros serán los que al hacer la ajena 13
No se acuerden un poco de la suya. 12
V 0
Sea de ello lo que fuere; 8
Como Fablo no puede aunque lo quiere 12
Olvidar el recuerdo de la ingrata 12
Por quien conoce el pobre que se muere, 12
Pues conoce que eso es lo que lo mata, 13
Por cuantos medios le es posible cuida 12
De recoger noticias de su Elena, 12
No habiendo a quien informes no le pida 13
Sobre si está contenta de la vida, 12
Sobre si es muy dichosa y si está buena; 13
Y cuando oyendo un día sus preguntas 11
Le contestó abrazándole un amigo: 13
—No sueña la infeliz más que contigo: 12
Y tus cartas las guarda todas juntas— 10
Radiante de ventura al oír esto 11
De su amigo, estrechándole, se aparta, 14
Y nuevamente a la ilusión dispuesto 12
Con mano alegre y con alegre gesto 12
Cogió una pluma y escribió esta carta: 13
«Si fuiste cruel conmigo, y si hubo un día 12
En que apartando tu alma de la mía 12
Me hundiste en el dolor y en la tristeza, 13
En prueba de que mi alma te perdona 12
Te mando con mi amor esa corona 12
Que anhela por estar en tu cabeza... 12
Que pues en tu alma aún escondido tienes 13
Algo de aquel amor que me tenías, 11
Si yo la conquisté para tus sienes 11
En ellas debe de estar y no en las mías». 12
VI 1
Puso Pablo su nombre, como un hombre 12
Que piensa decir mucho con su nombre; 11
Y después de plegarla en tres dobleces 11
Y de leerla y leerla muchas veces, 9
Hallando en su ilusión que estaba buena 14
Puso en el sobre —A Elena— 10
Y en seguida radiante y satisfecho 11
Con un inmenso júbilo en el pecho, 12
Dando forma a una idea 9
Que en su amorosa sencillez se abona, 14
Exclamó contemplando la corona: 11
—¡Qué dichosa va a ser cuando la vea! 11
VII 1
Y en tanto, aquella madre, aquella ausente 14
Sin consuelo ni alivio en su congoja 13
Lloraba sola y sin tener ni una hoja 13
Que enlazar a las canas de su frente... 12
¡Cuán cierto es que en la vida, aunque esto asombre, 16
En medio del placer y el regocijo, 11
Si el hijo no se olvida de que es hombre, 14
El hombre sí se olvida de que es hijo! 13
VIII 1
Lo que el amigo aquel le dijo un día 13
Al triste Pablo era una farsa impía; 13
Pues Elena la ingrata 8
Ni guarda aquellas cartas que decía, 11
Ni piensa en Pablo, ni el dolor la mata; 13
Que parecida en esto y semejante 12
A más de alguna amante 9
A quien mirándose al espejo, he oído 13
Parodiar con feroz desenvoltura 11
Una frase muy vieja, de este modo: 12
—No se ha perdido nada, cuando todo 12
Se haya perdido, menos la hermosura;— 13
La ingrata Elena como llevo dicho, 13
Sin huir de las gentes y del día, 8
Ni llora como Pablo suponía, 10
Ni ha tenido jamás ese capricho. 12
Elena va al paseo 7
De lucir y brillar en el deseo; 9
Tiene palco en el teatro y no hay velada, 13
Tertulia, baile, aniversario o fiesta, 13
A que oportunamente convidada 12
No se encuentre a asistir siempre dispuesta. 14
Si alguna vez lloró su desvarío 11
Recordando su falta y sus deberes, 11
Después, y como todas las mujeres 10
En casos semejantes, 7
Ha olvidado su falta y su extravío, 12
Tratando a sus amantes con desvío 11
Y aprendiendo a olvidar a sus amantes. 13
IX 1
De manera que Pablo, que en su anhelo 13
Esperaba soñando con el cielo, 11
Que su amante por fin le volvería 11
Todo el cariño y la pasión de un día, 12
Con el cerebro ardiente 8
Y un montón de esperanzas en la frente, 12
Ansiando una respuesta 8
Que confirmara su ilusión no escasa, 13
Al entrar en su casa 7
Se halló un papel y en el papel con esta:— 13
«Como de aquí a dos meses 9
Que habré arreglado ya mis intereses, 13
Pienso casarme con mi primo Antonio 12
Que ha pedido mi mano en matrimonio, 13
Le ordeno..., le prohibo, 8
Siendo ésta la razón porque le escribo, 13
Que se vuelva a ocupar de la que un día 13
Tuvo el capricho de quererle un poco, 13
Sin sospechar que le volviera loco 11
Su demasiado amor a la poesía. 11
Respecto a su corona, 8
Con la que dice usted que me perdona, 12
Es un obsequio cariñoso y blando 11
Que conñeso en verdad que no merezco; 12
Así es que la agradezco, 9
Y como no me sirve, se la mando». 10
X 0
Cuando el triste de Pablo hubo leído 12
Por una y otra vez este recado 11
Tan esperado como no temido, 11
Viendo aquellos renglones 8
Que en cambio de su fe y sus ilusiones 12
Le brindan el escarnio y el olvido, 11
Lleno de ese profundo desaliento 12
Del que lo pierde todo en un momento, 12
Cogió aquella corona sin cabeza, 12
Fruto de su trabajo y su cariño, 11
Y llorando, llorando como un niño 11
Que de una falta grave se confiesa, 12
—«¡Oh gloria!»—dijo al fin—«si hasta tu asiento 14
En una hora de amor y atrevimiento 13
Soñé volar del mundo a arrebatarte 13
Uno de esos laureles con que el arte 13
Recompensa el trabajo y el talento; 12
Tú sabes bien ¡oh gloria! 7
Que no lo hice por mí sino por ella; 12
Mas ya que ella, tan dura como bella, 12
Ha insultado mi fe y aun mi memoria, 12
¡Que acaben mi laurel y el regocijo 12
Que sentí de ceñírmelo al anhelo...!» 12
Y deshaciendo su corona, dijo, 10
Y la arrojó en pedazos por el suelo. 12
XI 1
Después, tranquilo ya, bajo la calma 11
De otro cielo mejor y diferente, 11
Pablo, pensando en la que estaba ausente, 14
En lugar de un laurel ¡le mandó el alma! 13

Análisis métrico

236 Versos
11.1 Media silábica
2611 Sílabas totales