LA ESPIGA Y EL ARADO
Me ensordeció el latido de la vendimia santa;
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en campiñas inéditas abrí mi derrotero,
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y al doblarse el trigal bajo mi planta,
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por cada crencha descendió un lucero.
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Suspendida,
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firme, ingrávida en la altura,
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factor lírico en la vida
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de la eterna arquitectura,
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mi visión exploradora relumbró sobre la hondura
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y en alada trayectoria
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se agitaron en la Historia
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los penachos florecidos de la Espiga que madura.
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Y apuntaron las primeras albas del Edén riente,
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con la rubia castidad sus praderas,
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donde tienen las espigas un temblor convaleciente
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Levanta sobre los campos el Moisés de barba fuerte
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su mano de vara mágica que dio licor cristalino,
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y olor de mandamiento, agua de buena muerte,
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fluyen las manos arca del Decreto divino;
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y eleva en la llanura,
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cálido testimonio de divinos afectos,
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la ofrenda de la sangre y el surco de la blancura
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de pan de amor y seda de corderos perfectos.
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Primicia de primicias
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de la tierra al Oráculo:
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Nunca fueron más santas y nunca más propicias
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que cuando las espigas vertieron sus delicias
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entre las excelencias de luz del Tabernáculo.
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Saúl: óleo divino fue de verdades,
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sabor de eternidades,
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lazo de toda guerra;
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cuando sobre los hombros de los reyes, tu mano
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temblaba con la gloria de tu poder arcano,
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todas las manos iban al surco de la tierra.
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¡Qué unción de paz gravita
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sobre la urgente sed de la faena,
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si se curvan los barzón de Ruth la Moabita,
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con el manojo blondo que da la gracia plena!
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Análisis métrico
38
Versos
12.3
Media silábica
468
Sílabas totales