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LA CALLE DE LA CADENA

Autor del poema: Juan de Dios Peza
Aún estaba conmovido 8
El bajo pueblo de Anáhuac 9
Recordando el fin postrero 9
De los dos hermanos Ávila; 9
Aún al cruzar por las noches 8
La anchurosa y triste plaza, 9
Al mirar en pie las horcas 8
Las gentes se santiguaban; 8
Y aún en algunos conventos 8
Rezábanse las plegarias 8
A fin de que los difuntos 8
Lograsen salvar sus almas; 8
Cuando un pregón le decía 8
A la curiosa canalla 8
Que por atroces delitos, 8
Que por pudor se callaban, 8
Iba a ser ajusticiado 9
Por voluntad del monarca 8
Un negro recién venido 8
Con un noble a Nueva España. 10
Como se anunció la fecha 9
La gente acudió a la plaza, 10
En tal número y desorden 8
Que un turbión asemejaba, 9
Porque en los terribles casos 9
En que la justicia mata 8
La humanidad se desvive 9
Por mostrar que no es humana. 9
Desde que lució la aurora 9
Acudió la gente en masa 9
Y muchos allí durmieron 7
Esperando la mañana. 8
Mirábanse a los verdugos 9
Que el cadalso custodiaban 9
Ya con los rostros cubiertos 8
Con una insultante máscara. 10
El sol estaba muy alto, 8
La gente con vivas ansias, 8
Los verdugos en acecho 8
Y los soldados en guardia; 7
Y ninguno suponía 6
Que el acto aquel se frustrara 10
Cuando de mirar al reo 7
Perdieron las esperanzas. 8
De pronto, a galope llega 9
Un dragón junto a las tablas 9
Del cadalso, y con alguno 8
De los centinelas habla. 8
Los verdugos, para oírlo 8
Descienden la escalinata, 9
Y corre un rumor que anuncia 9
Que la ejecución se aplaza. 10
El toque de los clarines 8
Pronto anuncia retirada, 9
Y en diversas direcciones 8
Plebe y soldados marchan. 7
Hay disgusto en los semblantes 9
De mozuelas y beatas, 6
Pues como a ninguno ahorcaron 11
Han perdido la mañana. 8
Y se resienten de verse 7
Por el Pregón engañadas, 8
Y viendo solo el cadalso, 8
Rezan, murmuran y charlan. 7
Los curiosos insistentes 8
Que averiguan la causa 8
Del retardo, al fin descubren 9
Lo que nadie se explicaba. 9
Cuentan que trayendo al negro 9
De San Lázaro a la plaza, 9
Cuando apenas por oriente 9
Se vislumbró la mañana, 8
Cercado por alguaciles 8
Y por mucha gente armada, 8
Bebiéndose de amargura 9
Sus propias, ardientes lágrimas, 9
Con voz fúnebre pidiendo 8
Que hicieran bien por su alma, 9
Un sacerdote entregado 9
A cumplir siempre estas mandas; 9
Mirando a todas las gentes 9
En balcones y ventanas 7
Darle el adiós postrimero 9
Entre llantos y plegarias. 7
El negro que parecía 7
De susto no tener alma, 8
Cruzó por una calleja 8
Tan angosta como larga, 8
Donde entre humildes jacales 10
Surgía como un alcázar 8
Un caserón de tezontle 8
Con paredes almenadas, 8
Con toscas rejas de hierro 8
En forma de antiguas lanzas, 9
Con canales cual cañones 8
Que el alto muro artillaban, 10
Y bajo el vetusto escudo 9
De ininteligible heráldica 11
Un ancho portón forrado 8
De gruesas y obscuras láminas; 9
Teniendo como atributo 9
Que las gentes veneraban, 8
Una cadena de acero burda, 11
Negra, tosca y larga. 6
Con sus ojos que vertían 7
Raudales de vivas llamas, 8
Mira el negro de soslayo 9
Aquella ostentosa casa, 9
Y sin que evitarlo puedan 8
Los cien que lo custodiaban 8
Tan ligero como un rayo 9
Del centro se les escapa, 8
Gana de un salto la acera, 10
Se arrodilla en la portada 10
Y cogiendo la cadena 7
En las dos manos, con ansia 8
Grita con voz que parece 8
Un rugido: «¡Pido gracia! 8
¡Pido gracia a la nobleza 9
De nuestro amado monarca!» 9
Y corchetes y alguaciles 7
Y arcabuceros y guardias 7
Se quedaron asombrados 8
Y sin responder palabra. 7
Porque sabido de todos era 10
Que en aquella casa vivía 9
Un señor de abolengo 8
Entre los grandes de España, 9
Que por fuero de linaje 8
En sus títulos estaba 8
Tener cadena en su puerta 9
Y pendón en la fachada. 7
El reo que esa cadena, 8
Por su fortuna tocara 8
Al marchar para el cadalso, 9
De la muerte se libraba. 8
Y el negro, que esto sabía, 8
Tuvo la fortuna extraña 9
De alcanzar tal privilegio 9
Que otro ninguno lograra. 9
Mirando lo sucedido, 8
Nobles, corchetes y guardias, 7
Con gran susto de la escena 9
No siguieron a la plaza, 8
Pues tornaron al presidio 8
La víctima afortunada; 9
Al Virrey le dieron parte 8
Y todo quedóse en calma. 8
Hoy sólo existen los muros 9
De la mansión legendaria, 8
Sin huellas de las almenas 8
Ni escudo de la portada. 9
Y dicen los que lo saben, 7
Doctos en antiguas causas, 8
Que la angosta callejuela 9
De «La Cadena» hoy se llama. 9

Análisis métrico

156 Versos
8.4 Media silábica
1308 Sílabas totales