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HORA IV EL ARCA DEL DILUVIO

Autor del poema: Miguel Antonio Caro
I 1
He vuelto solo al césped del collado 12
Do tú, Rogerio amigo, 8
Cuando la tarde halaga al mustio prado, 13
Ibas siempre conmigo. 7
¿Recuerdas? florecillas ignoradas 11
Buscabas en la hierba 7
Que, secas hojas hoy, pero sagradas, 11
Vivo el amor conserva. 8
Yo te hablaba ¿quién va a acordarse ahora? 15
Siempre a ti el alma mía, 8
Lo mismo a mí la tuya, soñadora, 12
Su panorama abria. 7
Serio haciéndose va mi pensamiento, 12
Pues como tú te fuiste, 7
Aunque todo está igual, no sé qué siento 13
Que está todo tan triste. 8
El mismo cielo azul, la torre oscura 13
Miro, la fuente misma; 7
Mas tu ausencia el paisaje desfigura 13
Empañándome el prisma. 8
Y a veces me pregunto en el sendero, 12
O allá, meditabundo: 8
¿Por qué esta amarga soledad prefiero 13
A los gozos del mundo? 7
¿Será que el hombre, digo, desterrado 12
Lleva un impulso dentro 8
Que le estimula a repasar lo andado 14
Y a volver siempre a un centro? 9
Aspiración a eternidad es este 12
Poder que nos sujeta; 7
Preludio santo, inspiración celeste 12
Que modula el poeta. 7
II 1
Mas, ¿qué cosa inmortal ve la mirada? 12
Solo parece eterno 8
Este secreto abismo, o muerte, o nada 14
Lo llamemos, o infierno: 8
Este ser que invisible nos devora; 12
Que universal tributo 8
Cobra, y la flor respeta o la mejora 12
Para llevarse el fruto! 8
A. veces me parece la Natura 11
Tan llena de riquezas 7
Con esa rozagante vestidura, 11
Y con tantas bellezas, 6
Cual fuente de jardín: artificiales 11
Fascinan el sentido 7
Sus cristalinos arcos, siempre iguales, 12
Con perenne rüido: 6
Todo es animación; mas si los ojos 12
A examinarla fueren, 8
Verán que es vida a fuerza de despojos 13
¡Son mil gotas que mueren! 7
No bien el ser sus formas consolida, 11
De sí efímero dueño, 8
Átale sordo vértigo, y su vida 11
Se evapora en un sueño. 9
¡Naufragio universal! Cuando ese abismo 14
Calo en la mente y sondo 8
Vuelvo aterrado; a todo ser lo mismo 13
Traga, y no tiene fondo. 7
Corre la humanidad por mil senderos 12
Al ciego remolino 7
Allá mis padres van, mis compañeros; 11
Yo con ellos camino. 7
Y tú también: tu juvenil historia 10
Que de amor se atavía, 8
Mañana yacerá, desecha gloria, 11
Bajo la tumba fría. 6
Tantos gajes de amor correspondidos 12
Y lágrimas preciosas; 6
Y aquellas esperanzas y gemidos, 10
Y tantas, tantas cosas, 6
Serán cenizas. Duéleme su estrago; 12
Y el deseo que siente 6
Quien ve a un hijo morir, de ser un mago, 13
O genio omnipotente, 8
Por ti lo siento: milagrosas ramas 11
Quisiera entretejerte 8
Y oculto a par de la que tanto amas, 12
Hurtarte allí a la muerte. 9
"Yo también en Arcadia soy nacido", 11
Y puedo con mi lira 6
Tu nombre redimir a ingrato olvido; 13
Pero no a ti a la pira. 9
Podemos eso, eternizar un nombre, 12
¡Salvar una mortaja! 7
No disputamos a la muerte el hombre 12
Que ella encerró en su caja. 10
¡Eternizar un nombre, honor mezquino! 12
¡Y dice el mundo luego 7
Que el lauro del poeta es don divino 12
Y su alma sacro fuego! 7
¡Naufragio universal! Tambien nosotros 12
Que eterna nombradía 7
Dispensamos, morimos cual los otros 11
Cuando nos llega el día. 7
De la propia existencia a nuestra mente 13
¿Qué deja lo pasado? 7
Recuerdos, un despojo deficiente 11
Un busto inanimado. 8
Vuelve a mirar a tus antiguos días; 11
¿Qué ves? Allá el abrigo 8
De tu infancia y sus frescas alegrías 11
Tus padres y un amigo. 7
La escena va ensanchándose adelante: 14
Campos, ciudades, puertos... 7
¡Mírate! ¡no te ves muerto viandante 11
En un mundo de muertos! 7
III 1
Con este doloroso sentimiento 11
Ayer, muriendo el día, 7
Tornaba a mi mansión: el manso viento 12
En los sauces gemía. 6
Y una mística voz a su manera 11
Habló en secreto a el alma; 10
Voz que animando la piedad primera, 12
Me devolvió la calma. 7
Y te olvidas de mí (la voz decía) 10
Tú que antes en mi seno 8
Reclinabas con grata simpatía 10
Tu semblante sereno? 7
"El maléfico ser que ves al lado, 11
Que todo lo devora, 7
Es la muerte del alma, del pecado 11
Anciana servidora. 7
"Y la que desesperas en tu duelo 10
De hallar, dichosa suerte, 8
Es la vida beatífica del cielo; 11
Yo, que vencí a la muerte! 8
Envenenose el hombre de obcecado; 13
Dios al culpable hijo 7
Miró piadoso en su infelice estado, 14
Y, salvarele, dijo. 6
"Yo a salvarle bajé; mi amor le llama; 13
Rebelde, se suicida; 7
El que a mi voz responde, el que me ama 13
Vivirá eterna vida. 8
"Mi amor viene a buscarte; de mis brazos 13
El orgullo te aleja 8
Vuelve a anudar los redentores lazos; 13
Ama, y recelos deja". 7
Pensé en mi infancia en dulce arrobamiento, 15
Y lloré mi extravío; 6
Y luego a ti volvió mi pensamiento, 11
Rogerio, amigo mío. 7
Mis lágrimas enviarte deseara 10
Con su muda elocuencia; 8
Y la no articulada, pero clara 11
Voz que oí en mi conciencia. 8
Ya libertarte del naufragio espero, 12
No en culta poesía, 6
Mas de mi fe lanzándote el madero: 12
¡Cree! ¡Ama! ¡Confía! 5
Al que a esa tabla náufrago se acoge, 14
Quien a la muerte dura 7
Venció en la cruz, acude y le recoge 12
Con paternal ternura. 7
Tantos gajes de amor correspondidos 12
Y lágrimas preciosas; 6
Y aquellas esperanzas y gemidos, 10
Y tantas, tantas cosas, 6
Asócialas con vínculo süave 10
A más alto destino; 7
¡Sálvate con tus glorias en la nave 11
Que a rescatarnos vino! 8

Análisis métrico

167 Versos
9.5 Media silábica
1580 Sílabas totales