ELEGÍA DE UN MADRIGAL
Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
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¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
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bajo el azul monótono, un ancho y terso río
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que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
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¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
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que borra el misterioso azogue del cristal!
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¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
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con un irremediable bostezo universal!
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Quiso el poeta recordar a solas,
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las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
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que él llamaba en sus rimas rubias olas.
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Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
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Y un día —como tantos—, al aspirar un día
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aromas de una rosa que en el rosal se abría,
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brotó como una llama la luz de los cabellos
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que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
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brotó, porque un aroma igual tuvieron ellos...
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Y se alejó en silencio para llorar a solas.
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Análisis métrico
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Versos
13.5
Media silábica
256
Sílabas totales