EL PERRO DE SAN ROQUE
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo
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que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo.
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A medida que vivo ignoro más las cosas;
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no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas,
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Sólo estuve sereno, como en un trampolín,
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para saltar las nuevas cinturas de las Martas
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y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas
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a un talle de caricias ideado por Merlín.
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Admiro el universo como un azul candado,
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gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta,
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veo arriba el misterio de un único cometa
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y adoro en la Mujer el misterio encarnado.
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Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él;
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los siglos son en mi alma rombos de una pelota
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para la dicha varia y el calosfrío cruel
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en que cesa la media y lo crudo se anota.
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He oído la rechifla de los demonios sobre
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mis bancarrotas chuscas de pecador vulgar,
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y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar
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con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre.
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Mi carne es combustible y mi conciencia parda;
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efímeras y agudas refulgen mis pasiones
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cual vidrios de botella que erizaron la barda
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del gallinero, contra los gatos y ladrones.
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¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes:
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he besado mil bocas, pero besé diez frentes!
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Mi voluntad es labio y mi beso es el rito...
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¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces;
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como el can de San Roque, ha estado mi apetito
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con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!
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Análisis métrico
30
Versos
14.6
Media silábica
438
Sílabas totales