EL AGUA QUE CORRE BAJO LA TIERRA
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas
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hacen que fructifiquen las savias; las llanadas,
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los sotos y las lomas por mí tienen frescura.
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Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura
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se regocija luego que viene primavera,
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porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera.
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Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan
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Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan.
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Lejos de sus raíces las corolas felices
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no se acuerdan del agua que regó sus raíces...
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¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave.
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La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe!
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Yo canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero,
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dichosa de antemano; porqué seré venero
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ante la vara mágica de Moisés; porque un día
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vendrán las caravanas hacia la linfa mía;
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porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan,
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el rostro beatífico del sediento retratan
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sobre el fondo del cielo que los cristales yerra;
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porque copiando el cielo lo traslado a la tierra,
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y así el creyente triste, que el él su dicha fragua,
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bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua,
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y como en ese cielo brillan estrellas bellas,
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el hombre que me bebe comulga con estrellas.
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Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita
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pedrería que encuentro de fuegos policromos,
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forjó en las misteriosas grutas la estalactita,
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pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos;
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porque en oculto seno de la caverna umbría
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doy de beber al monstruo que tiene miedo al día.
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¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe!
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Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe.
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Así me dijo el Agua que discurre por los
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antros, y yo: —¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
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Análisis métrico
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Versos
14.8
Media silábica
503
Sílabas totales