¡DÉJALA!
Toma niña, este búcaro de flores;
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tiene azucenas de gentil blancura
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lirios fragantes y claveles rojos,
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tiene también camelias, amaranto
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y rosas sin abrojos,
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rosas de raso, cuyo seno ofrecen
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urnas de almíbar con esencia pura,
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que en sus broches de oro se estremecen.
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Admítelas, amor de mis amores,
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admítelas, mi encanto;
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las cristalinas gotas de mi llanto,
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tibio llanto que brota
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del alma de una madre que en ti piensa,
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y por eso hallarás en cada gota
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emblema santo de ternura inmensa.
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Una tarde de abril, así decía,
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sollozante, mi esposa infortunada,
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a mi hija indiferente que dormía
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en su lecho de tablas reclinada;
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y como Herminia, ¡nada!;
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nada en su egoísmo respondía
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a esa voz que me estaba asesinando.
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La madre entonces se alejó llorando,
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y ella en la tumba continuó durmiendo.
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«Déjala —dije —, tu dolor comprendo...»
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La madre entonces se alejó llorando,
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y ella en la tumba continuó durmiendo.
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Análisis métrico
27
Versos
11.1
Media silábica
300
Sílabas totales