COLOQUIO BAJO EL CIPRÉS
Y ahora, en el crepúsculo, es la hora
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de mirarnos las caras
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con poco hablar y con decirlo todo,
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seis ojos y tres ánimas,
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la confluencia de todo en el silencio,
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mi ser que se convoca, como el agua en el agua,
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en un solo mirar mi turno entero
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mi vida entre mis tardes y tus albas,
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porque es bueno pensar que cualquier día,
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quizá muy pronto, sea para el ciprés mi alma
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y en una tarde de las tardes mías
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o en un amanecer de tus mañanas,
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te apartes una gota de otra gota
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para que entre en tus ojos mi última mirada.
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Por eso, en este ocaso, ya es la hora
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de entregarte mi lámpara,
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ya nos llegó el momento
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de que tu mano encienda la luz que se me apaga.
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Mi luz, mi pobre luz a ti confío,
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farol en tu pasillo, veladora en tu cama;
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no digas que es linterna para encontrar a un Hombre
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sino luz de sereno que ayude a los que pasan.
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En las noches sin luna, cuélgala en el camino,
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en las de tempestad ponla en la playa,
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haz de mi luz un hecho que ilumine tu mano
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y de tu mano un hecho de tierra iluminada.
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Y así como te doy el cuido de mi luz
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y así como te pido cultivarla,
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como te doy mi luz, te doy mi sombra,
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sólo para tu amor y tu esperanza;
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también la sombra puede cultivarse
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si se le da la vecindad del alma;
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como se siembra un árbol en la tierra
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puede sembrarse un sueño en la almohada.
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Si hasta mi misma luz llega a faltarte,
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mi sombra estará siempre detrás de tus pisadas.
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Más que mi luz, tuya
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mi sombra acostada,
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no hay quien te la quite,
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sombra no se apaga,
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tuya para siempre;
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hijo de mi alma
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la sombra es lo único
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que no arrastra el agua.
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Análisis métrico
44
Versos
11.5
Media silábica
504
Sílabas totales