CANTE HONDO
Yo meditaba absorto, devanando
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los hilos del hastío y la tristeza,
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cuando llegó a mi oído,
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por la ventana de mi estancia, abierta
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a una caliente noche de verano,
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el plañir de una copia soñolienta,
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quebrada por los trémolos sombríos
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de las músicas magas de mi tierra.
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... Y era el Amor, como una roja llama...
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—Nerviosa mano en la vibrante cuerda
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ponía un largo suspirar de oro
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que se trocaba en surtidor de estrellas—.
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... Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
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el paso largo, torva y esquelética.
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—Tal cuando yo era niño la soñaba—.
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Y en la guitarra, resonante y trémula,
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la brusca mano, al golpear, fingía
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el reposar de un ataúd en tierra.
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Y era un plañido solitario el soplo
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que el polvo barre y la ceniza avienta.
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Análisis métrico
20
Versos
11.6
Media silábica
232
Sílabas totales