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BODAS DE ORO

Autor del poema: José María Gabriel y Galán
¿Que cante al virtuoso 7
sabio varón de corazón piadoso? 11
No es mi musa la musa cortesana 12
de palabra del miel y áureo ropaje 11
que quema incienso a la grandeza humana; 14
es la ruda aldeana 7
que va vestida con honesto traje, 11
cantando la virtud en el lenguaje 11
que le enseñó Naturaleza sana. 12
Y porque ella es así, porque es sincera, 13
porque no es lisonjera, 8
porque es del bien la enamorada ruda 13
cantando la virtud es vocinglera, 11
mas delante del héroe es hosca y muda. 12
Ni mi musa acaricia los sentidos 12
de los hombres henchidos 7
del viento de la gloria inmerecida, 12
ni desgarra con épicos sonidos 11
los austeros oídos 6
de los grandes humildes de la vida. 11
Es de almas sin decoro 8
plegar las alas ante el trono de oro 13
donde se asienta la soberbia humana, 13
y pulsando el laúd, rodilla en tierra, 11
quemar inciensos y cantar a coro 10
con las legiones de la gente vana. 11
Pero es mayor pecado 8
cantarle al justo la canción sonora, 12
que su virtud celebra, 7
en lengua seductora 7
de meliflua serpiente tentadora 11
a quien solo humildad su diente quiebra. 12
Arrullen los juglares 7
el trono del soberbio con cantares, 11
y la turba servil de aduladores 11
queme todo su incienso en los altares 13
donde honor y virtud no son señores. 11
Pero la musa honrada, 8
cuando penetre en el desnudo templo 12
del alma de un humilde, ore callada 13
y escuche en las honduras del ejemplo 12
la armonía del bien allí guardada. 11
Y luego de aprendida 7
la música de Dios, que a gloria suena, 12
requiera el arpa que a cantar convida 13
y ensaye en ella la canción serena 12
del alma recta, de virtud nutrida. 11
Mas no hiera el oído de los justos 11
con ditirambos de clamor liviano, 11
que en los senos de espíritus robustos 13
suenan a ruido vano. 7
¿Qué le place a los grandes corazones 12
un decir halagüeño, 7
si ellos moran en diáfanas regiones 12
donde el ídolo humano es muy pequeño, 14
la voz de la lisonja desabrida, 11
la trompa de la fama ronca y hueca, 11
pobre la falsa vida 7
y el mundo frágil como caña seca? 11
Las alas de la fama presurosa, 11
esta vez no engañosa, 8
también trajeron a mi abierto oído, 12
que lo oyó con deleite inenarrable, 13
el nombre esclarecido 8
del justo patriarca venerable. 10
Y así como el idólatra del oro 12
guarda siempre el tesoro 8
de su morada en el rincón oscuro, 12
yo de ese justo la adorable historia 14
escondí en el rincón de la memoria 12
donde suelo guardar todo lo puro. 11
Y en el silencio donde oculto he dado 13
a su santa humildad, nunca he clamado: 13
«¡Si supiera cantar almas tan santas!...» 11
Pero siempre muy quedo he murmurado: 12
«¡Si supiera imitar virtudes tantas!» 12
Palabras indiscretas, 7
qué hermosas habéis sido 8
mientras fuisteis sencillas y secretas 10
si osáis llegar al delicado oído 12
del venerable anciano 8
que sabe perdonar flaquezas tales, 11
decidle que sois hijas de un cristiano 12
y que amores filiales 7
os arrancaron del rincón arcano 11
donde estabais mejor que en las venales 13
alas del viento charlatán y vano. 10
Bien sé que en la armonía 8
que el justo oyera de la lira mía, 12
fuera gárrula música liviana, 11
hueca trompetería 6
que no conmueve la muralla ingente 12
de la humildad cristiana, 8
que escucha el alma del varón prudente. 13
Pero más que la estrofa detonante 12
con que el hijo leal celebre y cante 11
las altas prendas de su padre amado, 12
le place al padre amante 9
oír la apasionada melodía 10
del hijo enamorado 8
de la virtud que de nutrirlo ansía. 11
Venerable Pastor que has conducido 12
tu rebaño querido 7
hollando con tus plantas los abrojos, 11
por las ásperas cuestas de la vida: 11
tú, que ya ves con anhelantes ojos 11
la tierra prometida, 7
desde las cumbres del dorado ocaso 12
que ganas paso a paso 8
con santa majestad de alma elegida, 13
alza tus manos al clemente Cielo 11
y alcánzale a tus hijos el consuelo 12
de dilatar tu triste despedida. 11
¿No ves cómo te aman? 7
¿No escuchas cómo a coro 9
todos padre te llaman? 7
¿Oyes cómo te aclaman 8
celebrando tus puras bodas de oro? 12
¿No ves cómo a tus puertas, 8
siempre a la santa Caridad abiertas, 12
se agolpan, rumorosas, 8
las turbas de tus pobres, numerosas, 11
que pan y bendiciones 6
reciben de tus manos amorosas? 11
Ese rumor opaco y elocuente 11
que tu nombre amadísimo murmura 12
es el himno amoroso más ardiente 12
que de la humana gente 8
puede escuchar una conciencia pura. 12
El otro canto, el de la gloria humana, 13
ya sonará vibrante 7
cuando entres por las puertas de la Historia; 13
y otro más dulce que tu triunfo cante 11
cuando te abra el Señor las de su gloria. 13

Análisis métrico

134 Versos
10.5 Media silábica
1407 Sílabas totales