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APOLOGÍA DE LOS PUNTOS CARDINALES

Autor del poema: Adelaida Caballero
I 1
Antes de que los peces hurgaran en las costas 14
con la memoria deshecha, el gesto sobrecogido 16
y los páramos secaran sus primeros muertos, 13
[antes de nosotros, inclusive, 10
cuando no teníamos nombre] 8
cuando el Cosmos se extendió, negro mantel, 13
por los 3.1416 lados de la mesa Todo era perfecto y redondeado, 19
un clamor de génesis perpetuas 10
las percusiones del Pi. 7
y en la tierra fragmentada como pan se hizo la noche 17
los amantes ya se acariciaban. 11
No se fue la luz, pero como un pájaro dormido 16
abrió un silencio gris en el estruendo 12
y se apagó una vela, el cuarto en luto. 14
Nos gustaba el aire. 7
Abrimos cada uno de los párpados 12
y suave era el azul como una niña 13
y era la lluvia como un traje verde. 12
Éramos los clavos en la cruz, 9
eso cuanto había entre océanos, 11
hielos, montes, oros, aguas, piedras, 10
cuarzos como ofrendas e incensarios. 12
Uno en uno, transfigurados siglos 12
configuraron el tiempo, lo vistieron de navío 15
y decidieron de pronto que debía izarse al mar. 15
Nuestras piernas, ángulos, compases, 10
estaban entreabiertas. Las aristas de la infinitud. 17
Quirón hizo otra vez a cabalgatas 12
las líneas todas de las latitudes, 11
sendas espirálides que mojan 10
hondas y calladas procesiones. 9
Hablaron Hunahpú e Ixbalanqué 11
Amo, amas, amare, amavi, amatum —una hoz de pájaros celestes 23
cortaba las esquinas de los cielos y la tierra. 14
Astrónomos que flechan las planicies de este Oeste, 16
la oliva del olvido era su oliva, 14
el canto de los cántaros su canto, 11
la almendra de la alondra era su almendra. 15
Y así fueron pobladas de sudor las catedrales. 15
II 1
Nosotros alargamos nuestros brazos 11
y bajo la sombra endurecida de una roca, 15
preguntamos ¿quiénes somos? 8
y brincó del suelo la primera violeta 12
y el primero de los hombres besó la planta izquierda 16
de la primera mujer. 7
Un fruto conmovido de ser fuego 11
bajó desde las ramas laminadas de un durazno 16
y se amarró la boca para no gritar, hueso desnudo 17
lo que bajo tierra se confiesan las serpientes 14
cuando convertidas en despojo de los santos 14
vienen a hablar de negros querubines. 12
[Y la piel terrestre, enredadera, 10
en su esférica tumba, guardaba como un lienzo 16
al mentiroso barro.] 7
Escucha los dictados de la noche 11
con sus orquestas azules, melodías cósmicas 14
y oscuros telones. 6
Como un veneno cálido que morderá gustoso 16
la pulpa mineral, el estallido inoculado del espasmo, 20
un aquelarre acrobático en el que los nombres 16
son torsos desvestidos olorosos a sulfuro, 15
escucha los dictados de la noche. 11
Fuimos candelabro a luna nueva 11
y desde el cuarto equinoccial de las mitades 14
abrimos sobremesa y ataúdes, 10
círculos perfectos, infinito 10
y eran cuatro en uno los ombligos 11
y ocho en dos los ángulos obtusos de la boca. Uno solo fue, como 22
algún mástil 4
erguido sobre el cero antes del dos, o bien: 14
cuando éramos guarismo indivisible. 13
En el altiplano del cenit el capricornio 14
brota de la azul iridiscencia. 11
Corrimos por los crótalos abiertos 11
en el mediodía, turquesas, 8
cámaras nupciales, acueductos, 10
caracoles desnudando las marinas letanías 15
y las inscripciones en los muros agrietados. 13
Los arquitectos arcanos escribieron nuestro nombre 16
en los pliegos amorosos de los mapas estelares: 16
con su voz bestial multiplicaron los rincones 14
bajo una corona de frutas 10
y desempolvados tambores 8
los ídolos fundados en la arcilla. 12
III 1
Llegaron en tropel diseminado 11
por las siete escuadras de la geometría inmensa 15
lámparas astrales de sustrato polietílico, 15
vírgulas y giros de saliva incandescente 14
con que la palabra prendió vida al filamento. 15
Sus manos eran péndulos oblicuos a las fosas 15
en que como hormigas olvidadas 11
mueren los planetas o peor aún, más fuerte: 12
desde el movimiento oscilatorio de los mundos 16
cae sobre los pechos la obsidiana, 11
armas y legiones se deshojan, 9
dormidero de las rotaciones. 10
Todo lo demás fue pausa, nube, entierro, 13
silencio desgranado de carmín sobre los labios 15
del embarcadero. 6
IV 1
Fue así como los llantos perforaron 12
la longitud radial de los crepúsculos, 12
una mano lóbrega cayó de los umbrales 14
y nos asió los brazos, los deshizo: 10
¯Cuatro veces cuatro extremidades extendidas 15
cuidarán del polvo y de los pasos ulteriores 14
los sagrados puentes levantados. 10
[De nosotros, vértebras boreales 10
nace la sustancia con que están hechos los ritmos.] 15
Esas danzas nuevas en penumbra 10
eran como estrellas 7
sobre nuestros hombros cardinales. 10
¯Los puntos más distantes fueron siempre 11
como dos espaldas que se tocan. 10
Esto y otras cosas nos cantaban 10
la fisonomía del volcán y del aullido. 12
V 0
Del diván amorfo de los sueños despertaron 14
ciegas mariposas, danzas circulares 12
que en el vuelo curvo de las fórmulas primarias 15
aman a la luz aunque no ven 9
y llevan en el cuerpo como un beso 11
la infertilidad de los augurios constelados. 15
Desde las arenas fugitivas 10
hasta las cavernas de los roncos arrecifes 14
se escuchó el estruendo de sus alas acerosas 16
y no hubo en este orden organismo que no huyera 17
del primer presagio de esas abominaciones. 15
[La mariposa, plomo y arenisca 11
aleteó en la habitación oscura 12
y sacudió las velas encendidas.] 10
Se miró a sus iris transparentes 11
y se encontró desnudo entre fractales. 12
Para ese golpe atroz de los segundos 13
muertos bajo el vuelo de sus triangulares sombras 15
fue materia mística la nada 10
y era el movimiento de las formas equilibrio 15
y la voz el signo humedecido de la lengua. 14
Avanzó brutal, corriente arriba. 11
Era él la noche sin estrellas, la cerrazón profunda 17
en que las bestias excretan vahos negros, 12
muerden cuellos rotos, cadáveres ensangrentados, 15
marcas ancestrales que le cantan 10
la absoluta muerte del destino 11
y fue su voz el soplo destrozado de los bosques 14
por los seiscientos sesenta y seis rostros del fuego. 14
Para callar el hambre de su dios fue necesaria 15
una herida honda, sangre espesa: 12
con el filo blanco de su carne ultramarina 15
penetró los muros resguardados de los templos, 14
multiplicó los cuantos y las bóvedas celestes, 14
se arrastró en el vértigo y las ondas, 12
hizo con las manos estructuras naturales, 14
dio la oscilación a las mareas, 10
calentó en su pelvis las primeras vibraciones, 15
y trazó con eses las caderas de la elipsis. 14
Era tan exacto en lo más alto de la hipérbole, 17
que hasta en su nombre llevaba la universal simetría. 18
VI 1
A la caída de la sexta puerta, 10
sobre la falda irregular de las ciudades 14
se esparció el adiós como un desgarre silencioso, 17
sal entre los muslos de la mujer del trueno. 13
Del resplandor agudo que preñaba la recámara 16
cuando los amantes frente a pecho se contaron 15
cómo nació el orbe subterráneo de sus venas 15
caminó el ciclópeo retumbar de los balcones, 15
con su golpe húmedo sobresaltó los pisos, 14
e hizo al frío enraizarse en la columna de los árboles. 19
Medio cuerpo en uno retorcido, 11
el embravecido serpenteo del huracán 13
un girón de lunas en la oscuridad espesa. 15
Ella lo bendijo para siempre. 10
Ronco entregemir el monstruo alado, 12
pozo palpitante el halo gris de sus pupilas. 15
Afuera dormitaba la tormenta. 11
Tierra y vendaval 5
abiertos en fragmento duplicado 11
se diseminaron como polen, 10
agua sobre el filo de la cama, 11
plata pedernal en lo nocturno 10
y todos nuestros vientres eran cuatro 10
por el ojo austral del Universo. 11
Partículas de piano, los amantes, 11
dolieron como un eco desmembrado 12
en la blanca oreja de la muerte. 11
VII 1
Los rincones vieron a los pasos prolongarse 14
por el empedrado epitelial de los andenes 15
y era en el final como al principio: 12
luego de la danza impostergable del deceso 15
se sobrevino la música, 9
un caer de ropas y de pieles 8
sobre nuestro cuerpo cuadrilátero 11
y amaneció el adiós, su miserable calma 14
rojos cuchillos sobre el planisferio. 12
Era en lo más bajo del crepúsculo, las voces 15
se ensancharon hasta el fin del mundo 12
y rodó en la boca alguna rota despedida 15
y se apagó el sistema endurecido de los besos. 17
Lejos de ellos mismos se encontraron 12
en las antípodas viejas. 8
Se bifurcó su confundida sombra 11
y se apartaron sin reconocerse. 11
El monstruo vaga por nosotros, desterrado. 13
La hembra busca la penetración del fuego. 13
Pero en la perfecta eufonía de lo que existe, 16
paradoja física, en la esfera 12
cuanto más al Sur se llega al Norte, 11
la mano izquierda del Este toca la mano derecha de Oeste 20
y así, como más distantes más cercanos. 12
Nosotros, tetracéfalo horroroso, 12
tallamos cicatrices para encontrar lo perdido 16
y que entonces, 4
cuando la canción de los demonios se detenga, 14
cuando interrumpido en el oleaje 12
el barco oscuro de las horas se desplome, 14
los soles mueran, 5
nuestras cansadas espaldas no sostengan la distancia, 16
esa curva negra de nombrar lo que está ausente, 16
de los abisales emerja el vacío, 12
reinos esculpidos en silencio 10
y sean creados ritmos nuevos, 7
otras lenguas estelares. 8
Pero desde el fondo del desorden, 11
graves como antiguas procesiones, ellos 13
se tomarán las manos claroscuras, 11
se lavarán los cuerpos 7
y se harán la luz hasta mojarse. 10
[Ya en la habitación ensombrecida 12
alguien ha despertado, de repente.] 11

Análisis métrico

234 Versos
12.2 Media silábica
2845 Sílabas totales