A UN VIEJO ENAMORADO
No lo toméis a consejo,
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pues vos para aconsejado
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y yo para consejera
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inútiles somos ambos:
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vos, señor, porque contáis
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con muy razonables años
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para poder en la vida
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dirigiros ya sin ayo,
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y esta humilde servidora
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por tenerlos muy escasos
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para poder con su apoyo
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ir por la tierra marchando.
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Mas sin ser consejo alguno,
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podéis escuchar un rato
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cuatro sencillas palabras
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que tengo, señor, que hablaros.
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Si de provecho no os sirven,
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tampoco os serán de daño,
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con que prestadme el oído
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y os charlaré breve y claro.
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Os quejáis de mis desdenes
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y el porqué, yo no lo alcanzo,
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pues las canas venerables
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yo respeto, nunca agravio;
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y en fe de verdad tan pura,
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jamás consentí escucharos
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las voces almibaradas
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de, «hermosa, mi bien, te amo»;
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por evitar que el ridículo
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os hiriera de rechazo,
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al responderos el mundo
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con su risa y con su escarnio.
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Porque, dejaos de aprehensiones,
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ninguno creerá el flechazo
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de que os doléis con tal pena,
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pues Cupido no es tan malo
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que fuera en un moribundo
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a ensañar su genio bravo.
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Más bien la gota, el reuma,
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o algún histérico flato
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han sido los agresores
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de ese cuerpo desdichado;
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y vos en reminiscencia
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de los amores de antaño,
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al encontraros doliente,
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os juzgáis enamorado.
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Pero señor, ¡en conciencia!
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ved que es error, que es engaño
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y en vez de atisbar mis rejas,
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y espantarme todo el barrio,
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tomándome por remedio
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de males, que yo no sano,
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buscad un doctor que os vea,
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y si es un ataque asmático,
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os recete y desengañe
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del tema que habéis tomado.
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A él podéis, si no os remedia,
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llamarle «¡insensible, ingrato!»
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y todas esas razones
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con que os estáis lamentando
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de una mujer que no os hizo
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más ofensa ni más daño,
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que nacer en este siglo,
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y no en el siglo pasado.
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Tal vez yo de haber nacido
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en tiempo de Carlos Cuarto,
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de vuestra joven persona
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me hubiera también prendado,
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como las viejas mujeres
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que tiene Dios en descanso,
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y que os dejaron memorias
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de lo mucho que os amaron
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en cartas ya carcomidas
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y en rizos apolillados.
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¡Cómo ha de ser! Lo dispuso
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la suerte tan al contrario,
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que entre vos y yo en España
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tres monarcas han reinado.
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Os lo digo, no por mofa,
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vale mucho un hombre anciano,
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pero soy caña muy débil
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para serviros de báculo;
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ni monedas de este cuño
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parecen bien en la mano
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del que al buscarlas debiera,
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ser, al menos, anticuario.
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Por lo demás, yo os estimo
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como al Arco de Trajano,
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como al puente de los moros
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como a todo lo que es raro,
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porque llega y sobrevive
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a los días que alcanzamos.
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Cuando pasáis os saludo,
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con reverencia, con pasmo;
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cuando habláis os oigo absorta,
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como si oyera lejanos
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los ecos de aquellas voces
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que en tiempo del Cid sonaron...
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Pero la tos os molesta,
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la brisa va refrescando,
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y temo os falte la vida
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cuando por luenga la aplaudo:
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basta pues, cubríos el rostro,
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perdonadme y retiraos.
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Análisis métrico
104
Versos
8.5
Media silábica
886
Sílabas totales