← Volver a Explorar

A UN AÑO DE TU LUZ ELEGÍA A LA MADRE

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
A un año de tu luz, e iluminado 13
hasta el final de su latir, por ella, 12
desanda el viaje el corazón cansado. 13
De tu voz, de tu mano y de tu huella 11
retorna a la niñez, donde palpita 12
sangres de luz tu corazón de estrella. 12
Vamos los dos a la esperada cita 12
y parece saltar de mi costado, 10
santa y clara, tu voz de agua bendita. 12
Y así al solar de la niñez llegado, 12
mi corazón, devuelto de tu muerte, 11
a un año de tu luz, e iluminado. 13
Luna de Cumaná, para encenderte 12
la lámpara de arrullo que me duerma 12
y el postigo de voz que me despierte. 11
Luna en el pan de la colina yerma, 12
en el río, en la sabana, 8
pavón lunar de mariposa enferma; 12
y luna en el cocal, junto a Chiclana, 12
donde el recuerdo azul de tus amores 13
se echa a dormir, como una caravana; 14
luna para los mapas de colores 11
que teje la nocturna confidencia 11
rumbo a la calle de Flor de las Flores 12
y luna que en tus uvas aquerencia 11
para miel de aquellas de tu parra 11
y el limón de las doce de tu ausencia. 12
Ancha la casa que el poema narra: 11
blancas mujeres, de azabache el pelo, 13
hechas al par de hormiga y de cigarra; 12
buenas para el bautizo y para el duelo, 13
parejas en el hambre o en la medra, 12
del sueño canto y del dolor pañuelo. 11
Galaica flor en castellana piedra: 11
vaciada al acueducto segoviano 12
la ría de cantor de Pontevedra 10
Así te halló el esposo y hortelano, 13
Doctor para saber cómo se tienta 11
el pulso al corazón desde la mano. 12
Así el hogar, señora y cenicienta, 12
nodriza y enfermera en el manejo 12
y en el combate al sol, lugartenienta. 12
Así la lucha y la prisión, espejo 11
de aquella tierra de recluta y canto, 12
panal del niño y retamal del viejo. 11
Y tu niño en la flor del camposanto 11
y el Esposo en el sol de los caminos 12
el exilio y el mar: cosas del llanto. 11
La isla de los lobos peregrinos, 11
de níspero el sabor, de perla el flanco, 13
de sal, de sol, de piedra los marinos. 11
Copia de espuma y ola en el barranco, 13
de noche y playa, médico y cochero, 11
el coche negro y el caballo blanco. 11
Y la Virgen del Valle y el vallero, 10
perla para los buzos hacia arriba, 12
madre del mar y de su marinero. 10
La Isla, como tú, del mar cautiva, 11
con eso de la sed y de la vela, 10
siempre llegando y siempre fugitiva. 11
Dormir allí, bajo tu cantinela 11
soñar domingos de color de playa 11
en la semana de color de escuela. 12
Dormir allí, pescado en la atarraya 13
de tu labor de estambre y mecedora, 12
mi sueño, entre las dunas de tu saya. 12
¡Ay, las hermanas de durazno y mora! 11
¡Ay, mi hermano de amor y de centella! 12
¡Ay, mi Padre de luz y tú de aurora! 11
¡Ay, el claro querer sin la querella! 11
Tu pan, tu sol, tus ojos, para el día; 11
para la noche, kerosén y estrella. 11
Para la noche de ponerte fría, 10
cuando oíste subir de tus hinojos 11
el llanto de mi verso que nacía. 10
Yo en tus rodillas, en la calle abrojos, 13
en la acera los dos, y una saeta 11
mi primer verso fue para tus ojos. 11
Me alzaste en brazos; trémula y coqueta, 13
fuiste y volviste de la risa al lloro 12
y empezaste a gritar: —¡Tengo un Poeta! 12
tú quisiste decir: —Tengo un tesoro, 12
tengo un ovillo de torzal de plata 12
y una cocina de fogón de oro... 11
Así la Isla: calles de piñata, 11
amor de la muñeca y la gaviota, 11
cartas de sol con lunas de postdata. 11
Hasta el día en que el mar, gota por gota, 13
cayó desde las nubes de tu llanto 11
hasta los pies de tu muñeca rota; 11
y otro pedazo tuyo al camposanto: 12
niña del mar, que te prestó la tierra; 11
tanto te daba y te quitaba tanto. 11
Y al mar de nuevo, la balandra en guerra. 12
Y el cabo al tajamar y el salto al valle 13
del pequeño calvario y la alta sierra. 12
La ciudad linda, de guirnalda al talle, 12
el bronce amado y verdugo triste 11
y el silencio del hombre de la calle. 11
Y tus manos de bruja artesanía 10
en el punto cabal de la chaqueta 11
y en escarpines de juguetería. 10
(Por eso, tejedora en el poeta, 11
en la dantesca red de los tercetos 11
engarzo a ti lazada y cadeneta). 12
Y el regreso a los hijos y los nietos, 11
feliz de tus estancias favoritas 11
y enredada la lengua de alfabetos; 12
y la puntualidad de tus visitas 10
a misa de San Juan, por la mañana, 11
a la capilla de las hermanitas. 11
Morir, morir... La insustituible hermana 13
al reino de la nube y de la flecha, 11
luna descalza, huyó por la ventana. 12
No fue más que otra deuda satisfecha 12
en el trueque de savias y de flores 10
que había entre la tumba y tu cosecha. 12
Tu casa de San Luis de los Dolores 11
alzó al lacrimatorio de los pinos 12
la conciencia de ángel de las flores. 11
Y tú a sus pies; el odio en los caminos 12
y tú ofreciendo en el cruzar del fuego 12
aire de amor a todos los molinos. 12
Era molerte el alma; el mundo ciego 13
luchando, y tú, en el centro de la guerra, 12
sin queja, sin rencor y sin sosiego. 10
Y al último dolor, tu vida cierra 11
balance de los hombres de tu entraña: 12
bajo la tierra, dos, y uno sin tierra. 11
Al mar de nuevo, a darme en tierra extraña 14
la valiente mirada que quería 10
luchar contra la gota en la pestaña. 12
Después, aquellos hombres de alma fría; 11
el inhóspito lecho hospitalario, 12
sobre la tela del cercano cielo, 11
el encaje final de tu rosario. 11
Y el regreso al hogar, el negro vuelo: 12
con las dos alas el avión cortaba 11
varas de noche para nuestro duelo. 11
Aldebarán, que nos acompañaba, 11
las Pléyades y el mar que las refleja 11
miraron una urna que volaba. 11
Al final del estambre en tu madeja 12
se cuajó en tu mirada nebulosa 12
la última uva de la noche vieja. 12
Así fue. Y al morir la dolorosa, 11
un ave negra le llevó al lucero 12
en el pico ladrón la mariposa. 11
Fue en un día tres veces agorero; 11
ese día de un mes, nos ha quedado 11
como el mejor para decir «Me muero». 12
Así fue, madre, el fin de tu bordado 12
como el mejor para decir «Me muero». 12
Así fue, madre, el fin de tu bordado. 12
De tus hijas y nietas el gemido 10
puso a temblar el pino abandonado. 13
En hombros te llevaba el pueblo herido, 13
la múltiple cabeza descubierta, 11
y al pasar por San Luis, tu viejo nido, 11
el mundo de tu amor salió a la puerta 13
y el silencio de un hijo que lloraba 12
metió el pinar en tu cajón de muerta. 12
Aquí conmigo estás; yo, que soñaba 12
viajar contigo, tengo en tu retrato 12
esa sonrisa que te iluminaba. 12
Y allá estarás, en el taller beato, 11
para vestir de blancos faldellines 11
a mi angelito negro y mulato, 11
para llenar de azules escarpines, 12
tejidos con celajes de destellos, 11
la canastilla de los serafines. 11
Estamos con los hijos y hasta ellos 11
vemos caer la luz de tu mirada, 10
peinando con tu nombre sus cabellos. 11
Tenemos tu sonrisa iluminada; 12
la voz de tu trisagio y de tu misa 11
le grita a mi dolor: —¡No ha muerto nada! 13
Con bosque y mar, con huracán y brisa, 10
con esa misma muerte que te encierra, 12
de la gracia inmortal de tu sonrisa 12
llenos están los cielos y la tierra. 10

Análisis métrico

181 Versos
11.5 Media silábica
2083 Sílabas totales