A NAPOLEÓN
«No es ira, no es amor, no es del poeta
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inspiración febril, es más ardiente
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la llama que discurre por mi frente,
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y el alma absorbe, el corazón me inquieta.
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»Yo amo la tempestad, amo el estruendo;
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cuando el vértigo insano me arrebata,
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sueño que en nube de luciente plata
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voy por el mundo un huracán siguiendo.
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»El rayo en torno de mi frente gira,
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el aquilón bajo mis plantas brama,
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y lucho y venzo, y mi furor se inflama,
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y ansiosa el alma a otra victoria aspira.
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»Yo quiero alzado al fin sobre los hombres,
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avasallar los pueblos y los reyes;
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romper sus cetros; derrocar sus leyes,
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hollar sus triunfos y borrar sus nombres.
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»Ancha cadena que circunde el polo
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yo quiero eslabonar con mis guerreros;
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y bajo el pabellón de sus aceros
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la gran nave en la mar llevar yo solo.
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»Y ¡oh! si pudiera hurtar al firmamento
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sus brillantes magníficas estrellas,
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¡también imperios levantara en ellas
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para ensanchar allí mi pensamiento!»
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¡Francia, levanta! sal del caos profundo
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en que yace tu pueblo sepultado,
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que en brazo poderoso tremolado
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va tu estandarte a conquistar el mundo.
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¿Quién distinguir entre la inmensa grey
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podrá al caudillo de tamaña empresa?
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¿Qué señal en el rostro lleva impresa
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el que del solio arrojará a tu rey?
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Ese mancebo que los brazos grave
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cruza sobre su seno, y la mirada
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como águila en el sol, ardiente, osada,
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clava en la multitud... ése lo sabe.
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¡Oh! ¡cuál contra el mancebo se irritara
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si su mirar la turba comprendiera!...
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¡Si su ambición oculta sorprendiera
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de ese rubio garzón, cuál se burlara!
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Joven es el león; mas ya en la tierra
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no hay fuerza que a igualar su fuerza alcance,
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y ¡ay de la Europa, o Francia! cuando lance
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ese joven león grito de guerra.
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Verás como esa voz de los franceses
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de pecho en pecho noble se difunde;
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como chispa de fuego prende y cunde
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de caña en caña por las secas mieses.
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Verás, tras el magnífico estandarte
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donde el águila altiva se reposa,
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como tu juventud marcha orgullosa
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la libertad, la gloria a conquistarte.
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¡Verás!... mas antes que el caudillo sea
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héroe conquistador de las naciones,
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deja que a Egipto lleve sus legiones
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y del grande Ramsé la tumba vea.
9
«Éstas de reyes son y emperadores
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las moradas magníficas que habitan,
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éste es el rico manto en que dormitan
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de tierras y de mares los señores...
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ȃste es el cetro que en sus regias manos
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fue látigo cruel o adorno inútil:
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no es que un brillo me seduzca fútil
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si hoy os le arranco ¡nobles soberanos!
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»No es que me ciega joya tan lucida,
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¡es que me irrita que los pueblos lloren,
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es que me irrita que temblando adoren
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los pueblos esa joya envilecida!...
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»Y esta corona... ¿sola una diadema?
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¿cien batallas por una solamente?
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¿Será una sola incienso suficiente
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para este fuego que mis sienes quema?
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»Reyes, emperadores, ¡guerra! ¡guerra!
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yo haré que en una sola se refundan
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las coronas que, inútiles, circundan
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tantas míseras frentes en la tierra!»
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¡Huid del monte aquel resplandeciente
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que de Austerlitz se eleva en las llanuras...
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Huye, Alejandro, antes que en sus alturas
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volcán oculto brote de repente
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¡Ay! que ya va tu juventud ardiente
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a estrellarse en las águilas seguras...
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Las nubes su vapor todo han juntado,
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y el suelo va a quedar todo anegado.
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Pero en sangre, Señor, en sangre pura,
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porque el rey de las águilas osadas
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donde terrible asienta sus pisadas
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de cadáveres cubre la llanura;
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cual los ojos de fiera en noche oscura
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relucen entre el humo sus espadas,
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y a bandadas los cuervos por el viento
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síguenle en torno con feroz contento.
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Caen, como en horrible terremoto,
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las torres desplomadas, sus legiones,
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sobre los extranjeros campeones
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que osan poner a sus victorias coto;
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bajo los pies de sus caballos roto
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yace el blasón de dos fuertes naciones,
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y dos imperios juntos retroceden
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y dos monarcas el laurel le ceden.
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¡Oh! tú que alzado al fin sobre los hombres,
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lograste avasallar pueblos y reyes,
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romper sus cetros, derrocar sus leyes,
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hollar sus triunfos y borrar sus nombres.
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¡Napoleón! tú que abarcando el polo
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con tu cadena inmensa de guerreros,
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bajo del pabellón de sus aceros
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la gran nave en la mar llevabas solo.
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¡Ay! ¿cómo a la merced del Océano
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dejas bogar tu nave huyendo de ella?
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¿Has ido a conquistar alguna estrella
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para alzar otro imperio soberano?
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Análisis métrico
112
Versos
11.9
Media silábica
1330
Sílabas totales