A LAS PROVINCIANAS MÁRTIRES
Me enluto por ti, Mireya,
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y te rezo esta epopeya.
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Mis entrañables provincianas mías:
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no sospeché alabar vuestro suicidio
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en las facinerosas tropelías.
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Antes de sucumbir al bandolero
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se amortizaron las sonoras alas
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que aleteaban en el fiel alero.
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Cúspide del teatro pueblerino:
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en un martirologio de palomas
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tú las viste volar a su destino.
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El novio llorará a su mártir perla,
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y que luego lo mate la nostalgia
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de no haber acertado a defenderla.
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La amó porque tejía, y por su traza
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de ángel custodio, cual la amó el gatito
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juguetón con la bola de su hilaza.
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¡Pobre novio aldeano! ¡Ya no teje
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su perla, ya no lee el Oficio Parvol
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¡El cabriolé del novio va sin eje!
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Me enluto por ti, Mireya,
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y te rezo esta epopeya.
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Honorable pajar de la cosecha
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honorable: tu incendio es la basílica
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en que se ahoga la virgen deshecha.
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¡Morir al fuego, si olían tan bien
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y tenían su alma como el plúmbago
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y un guardarropa como un almacén!
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Gemirán las cocinas en que antes
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las Mireyas criollas fueron una
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bandeja de pozuelos humeantes.
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Gime también esta epopeya, escrita
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a golpes de inocencia, cuando Herodes
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a un niño de mi pueblo decapita.
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Santas de los terruños, cuerpos caros
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y gratas almas: ved que me he hecho añicos
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y azul celeste, y luz para rezaros.
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Me enluto por ti, Mireya,
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y te rezo esta epopeya.
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Análisis métrico
39
Versos
11.1
Media silábica
431
Sílabas totales