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A ELISA

Autor del poema: Carolina Coronado
En buen hora llegaste, compañera, 11
la desdeñosa irónica sonrisa 12
que tan amarga para el alma era 12
cesa ya de afligir a la poetisa; 12
rompimos el concierto muy aprisa 11
sin aguardar compás en nuestra era 11
y las damas cerraron los oídos 9
y el sexo fuerte prorrumpió en silbidos. 12
«¡Extraño caso! ¡una mujer que canta! 12
Tan sólo oímos la mujer que llora». 11
Eso gritaron los que aplauden ora 12
con tanto bravo y con palmada tanta: 11
¡fuerza de la opinión cómo quebranta 12
la ley de muchos siglos triunfadora 11
y lo que ayer fue arroyo es hoy torrente 13
marchando de los tiempos la corriente! 11
No conquistó Pizarro el pueblo de oro 13
con más fatiga, con mayor quebranto 11
que de elevar al aire el pobre canto 13
la libertad nuestro sencillo coro; 11
sonó la voz pero sonó entre lloro, 12
porque al fin de las hembras es el llanto, 12
y cantar sin gemir, cantar placeres 10
es propio de varón, no de mujeres. 11
Porque lo sabes ¡ay! nuestra es la pena; 12
el mayor infortunio en las naciones 12
herencia de mujer, no de varones, 11
no podrán usurparnos la cadena; 11
ven conmigo a gemir en hora buena 12
y a defender, amiga, estos blasones 12
de tristeza y sentir y mala suerte 10
que no nos puede hurtar el sexo fuerte. 12
¿Cómo formar jamás esa armonía 11
de gracioso contraste, compañera, 11
si la mujer humilde no gimiera 11
mientras el hombre soberano ría? 10
Canta la vida triste, amiga mía, 11
que ellos deben cantar la placentera, 12
y pues que suyos son placer y risa 9
que le dejen el llanto a la poetisa. 12
No ha de mudar la ley volcar el trono 12
de las dolientes hembras el gemido, 11
ni el gobierno en los hombres repartido 13
ha de ceder el mundo en nuestro abono; 13
¡ni le plegue el Señor! en abandono 12
quede primero el sexo y confundido 12
que en la palestra pública lanzado 12
intrigante, ambicioso, arrebatado. 13
Para oprimir al pueblo el hombre hasta; 13
no los yerros del mundo acrecentemos, 12
no en la tribuna ni en la lid busquemos 13
renombre duro a nuestra blanda casta; 12
de la bandera nacional el asta 11
en los brazos endebles que tenemos 11
presto al suelo con nos diera y consigo 12
dejando el reino libre al enemigo. 13
¡Oh no! jamás. —En la modesta casa 11
por toda gloria nuestro canto alcemos 12
y del soberbio dueño conquistemos 10
el privilegio de llorar sin tasa; 11
que siempre habrá de ser la vena escasa 13
por mucho, compañera, que lloremos 11
para gemir del hombre el cruel dominio 12
sus ímpetus de sangre y de exterminio. 12
¡Ojalá cuando en guerra desastrada 12
se despedazan cual salvajes hienas, 11
pudieran estas lágrimas serenas 11
su mejilla bañar seca y tostada! 11
¡Ojalá cuando, en ley desesperada, 12
lanzan al reo bárbaras condenas 10
sobre el peligro al tender rasgo inhumano, 15
regarán estas lágrimas su mano. 11
Cuando nos oigan, cuando el loco orgullo 13
ceda del hombre en nuestro siglo ciego, 12
no estéril ha de ser el dulce riego 12
que hoy brota en melancólico murmullo; 13
nueva generación, ora en capullo, 12
crecerá, se alzará, brillará al fuego 13
del maternal amor; sol refulgente 11
que aun anublado está en la edad presente. 15

Análisis métrico

80 Versos
11.7 Media silábica
936 Sílabas totales