A UN POETA CLÁSICO
Pulidísimo poeta,
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que siempre os andáis buscando
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cefirillos en diciembre
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y florecillas en marzo.
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Ved que es malogrado tiempo
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el que gastáis en cantarnos
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esas romanzas melosas
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que a vos embelesan tanto.
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Porque ninguno os escucha,
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ni posible es escucharos,
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ni debe ¡salvo los sordos!
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nadie escuchar vuestro canto.
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Vos engalanáis de yerba
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fuera de sazón los campos
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y a deshora de sus nidos
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hacéis levantar los pájaros;
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vos asida del cabello
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sin compasión a su llanto,
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a cada instante a la aurora
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arrastráis de su palacio,
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y ni deja miel segura
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en el panal vuestro labio
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ni brisilla sosegada,
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ni libre arroyucio manso.
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Y lo que más impacienta,
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ingeniosísimo bardo,
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es que, cuando estamos todos
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con vuestra musa trinando,
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sobre la blanda verbena,
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muellemente recostado,
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tan complacido y risueño
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vos dispongáis coronaros.
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¿A dónde vais por el mirto?
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¿de dónde arrancáis el lauro?
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¿y qué lográis con poneros
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en la frente esos enjalmos?
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¿Un mancebo como un roble
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no os causa grima pasaros
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unas tras otras las horas
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entre los juncos holgando?
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¿No tenéis en vuestra tierra
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otro más útil cuidado
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que atisbar la rubia aurora
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y espantar los tiernos pájaros?
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Amigo, trocad, de vida
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de cantinelas dejaos,
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¡sacudid el cuerpo inerme
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y haced valer vuestros brazos!
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Análisis métrico
48
Versos
8.3
Media silábica
398
Sílabas totales