POEMA LXI
En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas inconmovible
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y silencioso como una columna de oro.
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Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso a resinas
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silvestres.
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Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada, tu cabello
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tibio, tu boca oscura y caliente aún como brasa recién
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apagada por el viento.
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Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes, muérdeme
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con tus dientes de fiera joven, arranca mis tristezas y mis orgullos,
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arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos.
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¡Y enséñame de una vez —ya que no lo sé
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todavía— a vivir o a morir entre tus garras!
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Análisis métrico
12
Versos
15.8
Media silábica
190
Sílabas totales