← Volver a Explorar

AL LICEO DE LA HABANA

Autor del poema: Carolina Coronado
Aquí ha vivido al pie de la corriente 13
conmigo nada más la golondrina; 11
¿quién pudo en ese vasto continente 12
el nombre repetir de Carolina? 11
¿quién os dijo que canto tristemente 11
sino fuera del valle esa vecina, 12
que os va a contar al cielo americano 14
lo que pasa en mi tierra en el verano? 13
¿Es esa negra quien mi voz sorprende 11
cuando gimo en el valle descuidada, 12
y allá más lejos mi secreto vende 11
cuando yo de su amor no cuento nada? 12
No ha podido ella ser... ella no entiende 14
ni mi suspiro ni mi voz ahogada, 12
y aunque a mi lado viva en el estío 12
nada os pudo llevar del canto mío... 11
¿Cómo, tampoco el viento que a las olas 13
del olvidado Gévora murmura, 11
en las últimas tierras españolas, 11
os pudo transmitir mi voz oscura? 11
¿cuál, pues, de las marinas banderolas 11
que flotan de la mar por la llanura 11
agitando en sus olas la poesía, 11
americanos, trasportó la mía? 10
Porque sabéis de mí... sabéis mi nombre... 11
sabéis que canto y repetís mi acento... 12
y en alabanza, por que más me asombre, 12
respondéis a mi oculto pensamiento; 12
y no adivina el corazón del hombre 12
lo que pude sentir ni lo que siente, 11
como en mi propio canto repetido 12
mi eterna gratitud no hayáis oído. 12
Sabréis que ha sido mi ventura tanta, 12
que yo he nacido en la inmortal colina 14
donde nació aquel hombre a cuya planta 13
el pabellón de América se inclina; 13
aquél por quien se eleva la cruz santa 12
y la luz evangélica ilumina 11
en ese mundo hermoso y opulento, 12
a donde fue a exhalar su último aliento. 15
Y sabréis que me siento en una peña 11
a ver al toro derribar la cuna 11
de aquel grande Cortés que nuestra enseña 13
clavó sobre las torres de la luna; 11
que en la cóncava piedra berroqueña 12
de su blasón echar de la laguna, 11
he visto el agua... y dar a nuestros bueyes 12
la copa digna de beber los reyes. 11
Y que levanto la mirada al cielo 11
a darle gracias por el gran caudillo 11
no tiene su sepulcro en este suelo 12
que empaña de su cuna el claro brillo; 13
y que dirijo con gozoso anhelo 11
al Occidente el corazón sencillo, 12
para decir «salud» a los hermanos 11
que guardan los sepulcros castellanos. 11
Hijos de aquella isla hospitalaria 13
donde brindan las palmas en reposo, 11
sabréis cómo en mi tierra solitaria 12
agradecemos vuestro asilo honroso; 13
y apenas escucháis nuestra plegaria, 11
cuando tendiendo el brazo generoso, 12
atravesáis el mar con digno ejemplo 12
para hacernos entrar en vuestro templo. 12
Y ¿a quién hoy sino a mí, pobre criatura; 12
cigarra de estos sucios labradores, 12
del áspero rincón de Extremadura 12
se tornan vuestros ojos protectores? 11
Mi canto agreste por mi tierra dura 12
el oído desgarra a los pastores, 11
y yo propia cansada de mi tono 10
al silencio del campo me abandono. 12
Pero a vosotros mi insonoro eco 13
dulce parece por sonar lejano, 11
y ya del sulco en el ingrato hueco 11
vuelvo a cantar en mi eternal verano; 13
no importa que mi son rústico y seco 12
aleje a los pastores de este llano, 13
si atravesando los lejanos mares 12
llegan a vuestro cielo mis cantares. 11
¡Gracias! el llanto que al oíros brota 11
refresca mi semblante y me consuela, 11
el alma a bordo de mi arpa rota 12
ya por los mares a encontraros vuela; 12
al pie de vuestra palma gota a gota 12
caerá ese llanto que mi fe revela, 12
¡y a la sombra feliz de vuestra palma 11
entre las vuestras vivirá mi alma! 11

Análisis métrico

88 Versos
11.8 Media silábica
1037 Sílabas totales