VIII. HUELGA DE CÉLULAS
Este concurso de células,
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unánimes en su intento
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misterioso de que dure
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la intensa vida en mi cuerpo;
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esos miles de millones
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de pequeñitos cerebros,
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que, con disciplina
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admirable en el esfuerzo,
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se dividen el trabajo
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de mis órganos diversos,
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y mantienen el fenómeno
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de mi existir en el tiempo,
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un día, quizá cercano
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(mañana, tal vez hoy mesmo),
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han de declararse en huelga,
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porque en el reloj eterno
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sonó el instante...
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¡Qué júbilo
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entonces el del colegio
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aquel, más de cuarenta años
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a mi espíritu sujeto!
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¡Qué alegría en el cotarro
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innúmero y turbulento!
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Cada grupo ha de tirar
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por su lado, con estruendo:
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—¡Vuelvo a la rosa!, dirá
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uno; y otro: ¡Al aire vuelvo!
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y otro: ¡Al agua!; y otro: ¡Al barro!
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y otro: ¡Al carbón!; y otro: ¡Al hierro!;
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y otro: ¡Al la cal!; y otro: ¡Al fósforo!;
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y otro: ¡Al la mar!; y otro: ¡Al cielo!
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Y mi espíritu entretanto,
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verá feliz, sonrïendo,
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la disociación bendita
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que restituye al Acervo
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lo prestado...
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Mas de pronto,
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movido por el recuerdo
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más hondo, más persuasivo,
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más amante, más inmenso,
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se preguntará a sí mismo:
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—Bien, y yo, ¿adónde me vuelvo?
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—¡A mis brazos!—gritará
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en la eternidad tu acento...
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Y cuando los dos, fundidos
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en una sola alma estemos,
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el océano infinito
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nos absorberá en silencio...
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Análisis métrico
48
Versos
8.2
Media silábica
393
Sílabas totales