A MARGARITA
¡Qué radiosa es tu faz blanca y tranquila
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bajo el dosel de tu melena blonda!
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¡Qué abismo tan profundo tu pupila,
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pérfida y azulada como la onda!
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El fulgor soñoliento que destella
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en tus ojos donde hay siempre un reproche
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viene cual la mirada de la estrella
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de un cielo ennegrecido por la noche.
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Tu rojo labio en que la abeja sacia
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su sed de miel, de aroma y embeleso,
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ha sido modelada por la gracia
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más para la oración que para el beso.
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Tu voz que ora es aguda y ora grave,
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llena de gratitud suena en mi oído,
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como el saludo arrullador del ave
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al sol naciente que despierta el nido.
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La palabra mordaz y libertina,
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en tu boca que el ósculo consume,
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es una flor de punzadora espina
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pero que tiene mágico perfume.
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Tu discurso es amargo, licencioso
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y repugnante, pero —¡extraño ejemplo!—
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tu acento es dulce, arrullador y suave
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como el canto del órgano en el templo.
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Y tu voz a cuyo eco me emociono
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lastima al mismo tiempo que recrea,
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es el canto de un ángel por el tono
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y el habla de un demonio por la idea.
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Tu mano esconde un cetro: el albo lirio,
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y fue tallada con primor no escaso
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más para la limosna y para el cirio
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que para la caricia y para el vaso.
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Tu cuerpo... ¡que a menudo la locura
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rasgó ante mí tus hábitos discretos,
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y tu estatuaria y lúbrica hermosura
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me reveló sus íntimos secretos!
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¡Cuántas veces a la hora del tocado
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penetré hasta tu estancia encantadora!
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Y en un tibio misterio plateado
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por una claridad como de aurora,
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te hallé al salir del agua derramando
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un rocío de líquidos cambiantes:
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escultura de nieve comenzando
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a deshelarse y a verter diamantes.
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Y vi a la sierva que te adorna y peina
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ajustar con destreza cuidadosa
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tu magnífica túnica de reina
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a tu soberbia desnudez de diosa.
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¿Qué miseria, qué afán o qué flaqueza
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te arrojó del edén, Eva proscrita?
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¿Qué Fausto asió tu virginal belleza
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y la acostó en el fango, Margarita?
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Inexplicable suerte, buena o mala
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la que a ti me llevó y a mí te trajo,
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nuestro insensato amor es una escala
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y por ella tú asciendes y yo bajo.
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Oculta y sola mi pasión huraña
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crece en mi corazón herido y yerto,
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oculta como el cáncer en la entraña
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sola como la palma en el desierto.
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Análisis métrico
60
Versos
11.9
Media silábica
716
Sílabas totales