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LOS NAVEGANTES

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
¡Qué ciencia tan rebelde, hermano mío, 11
es esta ciencia 5
de saber renunciar! 6
Te escribo junto al mar; hay un navío 12
que está dejando el puerto; es la evidencia 15
de una cosa terrestre que se resigna al mar. 15
No sé por qué esa vela 8
me dice tanto de mi propia vida; 11
la miro sobre el mar y paralela 11
a la estela que deja su partida, 12
va dejando en mi espíritu otra estela. 15
No sé por qué me inclino 8
a asociar a mis cosas el éxodo marino. 15
Aquel patrón que va cantando a popa, 12
quizá dejó en su casa una mujer. 12
¿Europa? ?Nueva York? ¿Qué vale Europa 12
para aquel marinero que renuncia a querer? 15
¿Recuerdas la muchacha que tanto bien te hizo 14
y tanto mal?, aquella muchacha que fue toda 13
mi juventud; el talle pujante, noble el rizo 15
y el haber extenuado, como velo de boda... 14
Pues bien, ya se ha marchado; 8
anoche salió un buque para un mundo distante; 16
ella embarcó, yo estaba con ella y a su lado 16
sentía ya la ausencia total del emigrante. 14
Hablamos en la borda, viendo al puerto: 12
Ella se marcha para no volver; 10
es necesario renunciar, es cierto, 11
pero no debe ser. 6
Nos despedimos, y su mano 8
entre las mías quiso acurrucarse, 11
como si en su terror por lo lejano 12
buscara algún rincón donde quedarse. 12
Me dio una rosa y luego, pesada y silenciosa, 15
se desprendió la nave; 7
¡tuve un ansia de alas!, mas deshojé la rosa 15
con la crueldad de quien despluma un ave. 12
Y me fui por la playa. Hacia el abismo, 12
la noche era más noche tal vez; acaso el mismo 16
mar aporta otra noche a la noche del cielo; 15
había en el silencio de mi duelo 11
la quietud que sucede al cataclismo. 12
De súbito, a lo lejos 8
apareció el navío a todo andar, 12
cien luces en el casco, cien en los aparejos, 14
y allá en el horizonte, mentían sus reflejos 14
una constelación que roza el mar. 11
Y yo veía 2
desde mi lejanía 6
brillar aquellas luces en el confín siniestro, 14
con una sed de lucha, de agresión, de castigo, 15
como se ve a lo lejos la luz de un pueblo nuestro 16
que nos haya tomado el enemigo. 12
Pero es inútil; esto era preciso 13
y además, todo está muy bien; 9
si vino, Dios lo quiso; 7
ahora que la pierdo, Dios lo querrá también. 13
Debe ser justo, pero yo que quiero 11
tanto aquella mujer que se me ha ido, 13
aunque pienso que Dios es justiciero, 11
pienso que Dios es justo porque nunca ha querido 15
Ya ha despertado el día, 8
el mar se tiñe del amanecer, 10
y yo aquí, todavía, 6
queriendo ver lo que no puedo ver. 10
El barco no se ve, mas lo presiente 11
mi ser, polarizado hacia el Oriente. 13
Mi terca rebelión todo lo abarca, 12
por sobre el mar, tras su visión me pierdo 12
y así desde mi playa hasta su barca 12
¡prolonga su península el Recuerdo! 12
Pero estoy en la playa bruta y desafiadora, 15
sin nada que me endulce lo amargo de esta hora, 17
sin árbol ni remanso, sin más dolor que el mío... 14
¡Qué bien, Señor, me sentiría ahora 11
si junto a mí desembocara un río!... 12

Análisis métrico

76 Versos
11.8 Media silábica
893 Sílabas totales