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LAS ESTANCIAS DE IVORIO ESTANCIAS DEL SOL NACIENTE

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
Retna Dumila fue el amor de Siva, 12
—Joya Radiante, en el divino idioma— 13
y era una flor de porcelana viva. 12
Pero un día la flor perdió su aroma 12
y el aguijón de la melancolía 10
pinchó una vez su cuello de paloma. 12
Desfalleciente en el sopor del día, 11
—¡Dadme el manjar, oh Dios!—dijo al amante 13
—¡Dadme el manjar, oh Dios, que nunca hastía!... 12
Siva partió veloz. Tierra adelante 12
y en busca del manjar, cruzó en un vuelo 12
de Norte a Sur el áspero elefante. 13
Pero fue vano el tormentoso anhelo 13
y a la vuelta del Dios enamorado 11
murió Retna Dumila, hija del Cielo. 12
La enterraron de noche, en el cercado 13
y vinieron, en lenta romería, 9
con gajos de laurel y hojas del prado, 11
y hallaron en la tumba, al otro día, 11
la flor de arroz, brotada de su seno, 12
que es la flor del manjar que nunca hastía. 12
Lirio de carne en el terrón moreno, 12
yo te encontré, cuando con ansia hermana 13
de la del viejo dios iba sin freno; 11
yo te encontré en el sol de la mañana; 13
yo te encontré en el rimo transitorio, 13
Retna Dumila, flor de porcelana... 11
Te vi de pie, en el alto promontorio, 12
junto al ibis azul que te envolvía 12
con un vuelo espiral, Verso de Ivorio; 13
te vi también cuando, al nacer el día, 11
la Jirafa, cabeza en el reguero, 12
del nuevo sol quemó su pedrería; 10
te vi en el humo azul del pebetero, 13
te vi en el blanco loto de las bodas, 12
te vi en la gracia de primer lucero, 12
y en todos los caminos, bajo todas 11
las tardes, cuando el gong estremecía 11
los campos agravados de pagodas; 11
y en el lago del biombo, que extravía 11
la cola del dragón bajo las flores 11
y encubre al pez su cándida osadía; 12
y en la azucena de los surtidores 12
que al nocturno brocado atan su hilo 13
y al jardín auroral abren sus flores; 11
y en la dorada jaula, en el tranquilo 12
juncal donde comenta su morfina 11
la sabia dignidad del cocodrilo; 11
en el ánade intenso en la cortina 13
y en el arroz del pie, con que recorres 11
a un paso instable el rumbo de la espina; 15
y en el susto invernal con que te acorres 13
a la clara quietud del farolillo 11
que alumba el Templo de las cinco torres. 13
Te vi en la paz del hábito amarillo 13
de Sakyamuni, en cuyas frescas rosas 12
el lírico elefante hunde el colmillo; 14
Te vi en el ala de las mariposas 12
que dejan al caer junto a tu puerta, 11
su polvo tornasol sobre las cosas; 11
te vi en la luz de tu pupila incierta, 13
con que te deja apenas en el alma 12
el ojo chino una rendija abierta... 13
y al hondo afán, paréntesis de calma 12
tus manos son, tus manos todavía, 10
la flor de arroz, la suspirada palma, 12
tus manos, el manjar que nunca hastía... 11

Análisis métrico

67 Versos
11.9 Media silábica
797 Sílabas totales