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CANTO II A TERESA

Autor del poema: José de Espronceda
¿Por qué volvéis a la memoria mía, 10
Tristes recuerdos del placer perdido, 11
A aumentar la ansiedad y la agonía 12
De este desierto corazón herido? 12
¡Ay! que de aquellas horas de alegría 12
Le quedó al corazón sólo un gemido, 13
Y el llanto que al dolor los ojos niegan 12
Lágrimas son de hiel que el alma anegan. 13
¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas 11
De juventud, de amor y de ventura, 11
Regaladas de músicas sonoras, 11
Adornadas de luz y de hermosura? 11
Imágenes de oro bullidoras. 11
Sus alas de carmín y nieve pura, 10
Al sol de mi esperanza desplegando, 12
Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando. 12
Gorjeaban los dulces ruiseñores, 10
El sol iluminaba mi alegría, 11
El aura susurraba entre las flores, 12
El bosque mansamente respondía, 10
Las fuentes murmuraban sus amores... 11
ilusiones que llora el alma mía! 11
¡Oh, cuán suave resonó en mi oído 11
El bullicio del mundo y su ruido! 10
Mi vida entonces, cual guerrera nave 12
Que el puerto deja por la vez primera, 12
Y al soplo de los céfiros suave 10
Orgullosa desplega su bandera, 11
Y al mar dejando que sus pies alabe 11
Su triunfo en roncos cantos, va velera, 12
Una ola tras otra bramadora 11
Hollando y dividiendo vencedora. 11
¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente 13
De amor velaba; el sol de la mañana 13
Llevaba yo sobre mi tersa frente, 11
Y el alma pura de su dicha ufana: 12
Dentro de ella el amor, cual rica fuente 13
Que entre frescuras y arboledas mana, 12
Brotaba entonces abundante río 11
De ilusiones y dulce desvarío. 10
Yo amaba todo: un noble sentimiento 13
Exaltaba mi ánimo, Y sentía 10
En mi pecho un secreto movimiento, 12
De grandes hechos generoso guía: 10
La libertad, con su inmortal aliento, 12
Santa diosa, mi espíritu encendía, 12
Contino imaginando en mi fe pura 13
Sueños de gloria al mundo y de ventura. 12
El puñal de Catón, la adusta frente 12
Del noble Bruto, la constancia fiera 11
Y el arrojo de Scévola valiente, 11
La doctrina de Sócrates severa, 11
La voz atronadora y elocuente 11
Del orador de Atenas, la bandera 12
Contra el tirano Macedonio alzando, 13
Y al espantado pueblo arrebatando: 12
El valor y la fe del caballero, 10
Del trovador el arpa y los cantares, 11
Del gótico castillo el altanero 12
Antiguo torreón, do sus pesares 10
Cantó tal vez con eco lastimero, 11
¡Ay!, arrancada de sus patrios lares, 11
Joven cautiva, al rayo de la luna, 12
Lamentando su ausencia y su fortuna: 12
El dulce anhelo del amor que guarda, 12
Tal vez inquieto y con mortal recelo; 11
La forma bella que cruzó gallarda, 11
Allá en la noche, entre medroso velo; 13
La ansiada cita que en llegar se tarda 13
Al impaciente y amoroso anhelo, 12
La mujer y la voz de su dulzura, 10
Que inspira al alma celestial ternura: 13
A un tiempo mismo en rápida tormenta 13
Mi alma alborotaban de contino, 12
Cual las olas que azota con violenta 12
Cólera impetuoso torbellino: 11
Soñaba al héroe ya, la plebe atenta 13
En mi voz escuchaba su destino: 11
Ya al caballero, al trovador soñaba, 13
Y de gloria y de amores suspiraba. 11
Hay una voz secreta, un dulce canto, 12
Que el alma sólo recogida entiende, 13
Un sentimiento misterioso y santo, 11
Que del barro al espíritu desprende; 12
Agreste, vago y solitario encanto 12
Que en inefable amor el alma enciende, 14
Volando tras la imagen peregrina 12
El corazón de su ilusión divina. 12
Yo, desterrado en extranjera playa, 12
Con los ojos extático seguía 10
La nave audaz que en argentado raya 13
Volaba al puerto de la patria mía: 11
Yo, cuando en Occidente el sol desmaya, 13
Solo y perdido en la arboleda umbría, 13
Oír pensaba el armonioso acento 12
De una mujer, al suspirar del viento. 12
¡Una mujer! En el templado rayo 11
De la mágica luna se colora, 11
Del sol poniente al lánguido desmayo 12
Lejos entre las nubes se evapora; 12
Sobre las cumbres que florece Mayo 11
Brilla fugaz al despuntar la aurora, 12
Cruza tal vez por entre el bosque umbrío, 12
Juega en las aguas del sereno río. 11
¡Una mujer! Deslizase en el cielo 12
Allá en la noche desprendida estrella, 13
Si aroma el aire recogió en el suelo, 14
Es el aroma que le presta ella. 11
Blanca es la nube que en callado vuelo 13
Cruza la esfera, y que su planta huella, 12
Y en la tarde la mar olas le ofrece 12
De plata y de zafir, donde se mece. 11
Mujer que amor en su ilusión figura, 13
Mujer que nada dice a los sentidos, 12
Ensueño de suavísima ternura, 11
Eco que regaló nuestros oídos; 10
De amor la llama generosa y pura, 12
Los goces dulces del amor cumplidos, 11
Que engalana la rica fantasía, 11
Goces que avaro el corazón ansía: 12
¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquélla, 12
Tanto delirio a realizar alcanza, 12
Y esa mujer tan cándida y tan bella 11
Es mentida ilusión de la esperanza: 13
Es el alma que vívida destella 11
Su luz al mundo cuando en él se lanza, 12
Y el mundo, con su magia y galanura 11
Es espejo no más de su hermosura: 12
Es el amor que al mismo amor adora, 13
El que creó las Sílfides y Ondinas, 10
La sacra ninfa que bordando mora 11
Debajo de las aguas cristalinas: 11
Es el amor que recordando llora 11
Las arboledas del Edén divinas: 11
Amor de allí arrancado, allí nacido, 14
Que busca en vano aquí su bien perdido. 13
¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo! 11
¡Sentimiento purísimo! ¡memoria 11
Acaso triste de un perdido cielo, 12
Quizá esperanza de futura gloria! 12
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! 10
¡Oh qué mujer! ¡qué imagen ilusoria 12
Tan pura, tan feliz, tan placentera, 11
Brindó el amor a mi ilusión primera!... 13
¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, 11
¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares? 12
¿Por qué, por qué como en mejores días, 11
No consoláis vosotras mis pesares? 11
¡Oh! los que no sabéis las agonías 10
De un corazón que penas a millares 12
¡Ay! desgarraron y que ya no llora, 10
¡Piedad tened de mi tormento ahora! 12
¡Oh dichosos mil veces, sí, dichosos 11
Los que podéis llorar! y ¡ay! sin ventura 11
De mí, que entre suspiros angustiosos 12
Ahogar me siento en infernal tortura. 13
¡Retuércese entre nudos dolorosos 12
Mi corazón, gimiendo de amargura! 12
También tu corazón, hecho pavesa, 11
¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa! 12
¿Quién pensara jamás, Teresa mía, 10
Que fuera eterno manantial de llanto, 12
Tanto inocente amor, tanta alegría, 13
Tantas delicias y delirio tanto? 10
¿Quién pensara jamás llegase un día 11
En que perdido el celestial encanto 12
Y caída la venda de los ojos, 9
Cuanto diera placer causara enojos? 12
Aun parece, Teresa, que te veo 10
Aérea como dorada mariposa, 11
Ensueño delicioso del deseo, 10
Sobre tallo gentil temprana rosa, 11
Del amor venturoso devaneo, 10
Angélica, purísima y dichosa, 11
Y oigo tu voz dulcísima y respiro 11
Tu aliento perfumado en tu suspiro. 13
Y aún miro aquellos ojos que robaron 12
A los cielos su azul, y las rosadas 11
Tintas sobre la nieve, que envidiaron 12
Las de Mayo serenas alboradas: 11
Y aquellas horas dulces que pasaron 11
Tan breves, ¡ay! como después lloradas, 11
Horas de confianza y de delicias, 10
De abandono y de amor y de caricias. 12
Que así las horas rápidas pasaban, 12
Y pasaba a la par nuestra ventura; 11
Y nunca nuestras ansias la contaban, 10
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura. 16
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban 11
Llanto tal vez vertiendo de ternura; 11
Que nuestro amor y juventud veían, 9
Y temblaban las horas que vendrían. 9
Y llegaron en fin: ¡oh! ¿quién impío 9
¡Ay! agostó la flor de tu pureza? 11
Tú fuiste un tiempo cristalino río, 11
Manantial de purísima limpieza; 11
Después torrente de color sombrío 10
Rompiendo entre peñascos y maleza, 11
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas, 12
Entre fétido fango detenidas. 11
¿Cómo caiste despeñado al suelo, 11
Astro de la mañana luminoso? 11
Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo 12
A este valle de lágrimas odioso? 12
Aún cercaba tu frente el blanco velo 12
Del serafín, y en ondas fulguroso 11
Rayos al mando tu esplendor vertía, 11
Y otro cielo el amor te prometía. 11
Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído, 11
O mujer nada más y lodo inmundo, 11
Hermoso ser para llorar nacido, 11
O vivir como autómata en el mundo. 13
Sí, que el demonio en el Edén perdido, 13
Abrasara con fuego del profundo 11
La primera mujer, y ¡ay! aquel fuego 11
La herencia ha sido de sus hijos luego. 13
Brota en el cielo del amor la fuente, 12
Que a fecundar el universo mana, 12
Y en la tierra su límpida corriente 11
Sus márgenes con flores engalana. 11
Mas ¡ay! huid: el corazón ardiente 10
Que el agua clara por beber se afana, 13
Lágrimas verterá de duelo eterno, 12
Que su raudal lo envenenó el infierno. 13
Huid, si no queréis que llegue un día 10
En que enredado en retorcidos lazos 13
El corazón con bárbara porfía 10
Luchéis por arrancároslo a pedazos: 12
En que al cielo en histérica agonía 13
Frenéticos alcéis entrambos brazos, 11
Para en vuestra impotencia maldecirle, 13
Y escupiros, tal vez, al escupirle. 11
Los años ¡ay! de la ilusión pasaron, 12
Las dulces esperanzas que trajeron 11
Con sus blancos ensueños se llevaron, 11
Y el porvenir de oscuridad vistieron: 12
Las rosas del amor se marchitaron, 11
Las flores en abrojos convirtieron, 11
Y de afán tanto y tan soñada gloria 11
Sólo quedó una tumba, una memoria. 13
¡Pobre Teresa! ¡Al recordarte siento 12
Un pesar tan intenso! Embarga impío 12
Mi quebrantada voz mi sentimiento, 11
Y suspira tu nombre el labio mío. 10
Para allí su carrera el pensamiento, 13
Hiela mi corazón punzante frío, 10
Ante mis ojos la funesta losa, 11
Donde vil polvo tu bondad reposa. 11
Y tú, feliz, que hallastes en la muerte 11
Sombra a que descansar en tu camino, 12
Cuando llegabas, mísera, a perderte 12
Y era llorar tu único destino: 11
¡Cuando en tu frente la implacable suerte 13
Grababa de los réprobos el sino! 11
Feliz, la muerte te arrancó del suelo, 12
Y otra vez ángel, te volviste al cielo. 12
Roída de recuerdos de amargura, 11
Árido el corazón, sin ilusiones, 12
La delicada flor de tu hermosura 12
Ajaron del dolor los aquilones: 11
Sola, y envilecida, y sin ventura, 11
Tu corazón secaron las pasiones: 11
Tus hijos ¡ay! de ti se avergonzaran 12
Y hasta el nombre de madre te negaran. 12
Los ojos escaldados de tu llanto, 11
Tu rostro cadavérico y hundido; 11
único desahogo en tu quebranto, 12
El histérico ¡ay! de tu gemido: 11
¿Quién, quién pudiera en infortunio tanto 12
Envolver tu desdicha en el olvido, 12
Disipar tu dolor y recogerte 10
En su seno de paz? ¡Sólo la muerte! 11
¡Y tan joven, y ya tan desgraciada! 9
Espíritu indomable, alma violenta, 13
En ti, mezquina sociedad, lanzada 11
A romper tus barreras turbulenta. 11
Nave contra las rocas quebrantada, 11
Allá vaga, a merced de la tormenta, 12
En las olas tal vez náufraga tabla, 11
Que sólo ya de sus grandezas habla. 11
Un recuerdo de amor que nunca muere 12
Y está en mi corazón: un lastimero 12
Tierno quejido que en el alma hiere, 12
Eco suave de su amor primero: 11
¡Ay de tu luz, en tanto yo viviere, 11
Quedará un rayo en mí, blanco lucero, 13
Que iluminaste con tu luz querida 12
La dorada mañana de mi vida! 11
Que yo, como una flor que en la mañana 13
Abre su cáliz al naciente día, 10
¡Ay, al amor abrí tu alma temprana, 12
Y exalté tu inocente fantasía, 11
Yo inocente también ¡oh!, cuán ufana 12
Al porvenir mi mente sonreía, 9
Y en alas de mi amor, ¡con cuánto anhelo 13
Pensé contigo remontarme al cielo! 12
Y alegre, audaz, ansioso, enamorado, 13
En tus brazos en lánguido abandono, 12
De glorias y deleites rodeado 9
Levantar para ti soñé yo un trono: 12
Y allí, tú venturosa y yo a tu lado. 12
Vencer del mundo el implacable encono, 13
Y en un tiempo, sin horas ni medida, 11
Ver como un sueño resbalar la vida. 12
¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos 11
Áridos ni una lágrima brotaban; 12
Cuando ya su color tus labios rojos 11
En cárdenos matices se cambiaban; 11
Cuando de tu dolor tristes despojos 11
La vida y su ilusión te abandonaban, 13
Y consumía lenta calentura, 9
Tu corazón al par de tu amargura; 12
Si en tu penosa y última agonía 12
Volviste a lo pasado el pensamiento; 13
Si comparaste a tu existencia un día 13
Tu triste soledad y tu aislamiento; 11
Si arrojó a tu dolor tu fantasía 12
Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento 11
A otra mujer tal vez acariciando, 12
Madre tal vez a otra mujer llamando; 12
Si el cuadro de tus breves glorias viste 12
Pasar como fantástica quimera, 11
Y si la voz de tu conciencia oíste 10
Dentro de ti gritándole severa; 11
Si, en fin, entonces tú llorar quisiste 12
Y no brotó una lágrima siquiera 11
Tu seco corazón, y a Dios llamaste, 11
Y no te escuchó Dios, y blasfemaste; 10
¡Oh! ¡cruel! ¡muy cruel! ¡martirio horrendo! 10
¡Espantosa expiación de tu pecado, 12
Sobre un lecho de espinas, maldiciendo, 13
Morir, el corazón desesperado! 11
Tus mismas manos de dolor mordiendo, 11
Presente a tu conciencia lo pasado, 12
Buscando en vano, con los ojos fijos, 12
Y extendiendo tus brazos a tus hijos. 11
¡Oh! ¡cruel! ¡muy cruel!... ¡Ay! yo entretanto 10
Dentro del pecho mi dolor oculto, 11
Enjugo de mis párpados el llanto 11
Y doy al mundo el exigido culto; 11
Yo escondo con vergüenza mi quebranto, 12
Mi propia pena con mi risa insulto, 12
Y me divierto en arrancar del pecho 11
Mi mismo corazón pedazos hecho. 11
Gocemos, sí; la cristalina esfera 12
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida! 13
¿Quién a parar alcanza la carrera 11
Del mundo hermoso que al placer convida? 13
Brilla radiante el sol, la primavera 12
Los campos pinta en la estación florida; 13
Truéquese en risa mi dolor profundo... 12
Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo? 15

Análisis métrico

352 Versos
11.5 Media silábica
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