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LA CRUZ DE LA MONTAÑA

Autor del poema: Ignacio Manuel Altamirano
Heme al pie de tu altar, ya prosternado, 13
Musgosa Cruz , silvestre y solitaria; 11
Heme aquí ya, gimiendo en mi plegaria, 13
Convulso de dolor, desesperado. 11
Me acojo a ti, porque me cansa el mundo; 14
Falto de fe, vacilo y me confundo... 11
¡Vengo a buscar en la congoja mía 11
La dulce paz de tu montaña umbría! 11
Un tiempo, en mi niñez pobre y serena; 12
Mi idolatrada madre, dulce y buena, 12
De un apóstol la historia me contaba, 13
Y a quien Jesús de Nazareth llamaba. 11
Santa misión de amor le inspiró el cielo; 14
Paz y amor predicó, y en el Calvario 11
Al morir, trocó en signo de consuelo 12
El leño de la Cruz , patibulario. 11
Desde entonces ¡oh Cruz! cuando en mi frente 13
El surco apareció de la tristeza, 12
Corrí a tu altar, humilde y reverente , 13
A inclinar afligido mi cabeza, 12
Y de mi llanto a desatar la fuente. 11
Y hallaron siempre alivio mis dolores; 12
Siempre el aliento de la fe volviera 12
A mi nublado cielo sus colores, 11
Y al árbol de mi dicha, con sus flores, 11
Su gallardo esplendor de primavera . 12
Mas ¡ay de mí! tras mis primeros años 11
Vinieron en tropel tétricas horas; 11
Vino otra edad de negros desengaños; 13
Y a la luz de sus pálidas auroras, 11
He inclinado la faz entristecida, 12
Al mirar cuál tornó mustio y sombrío 10
El panorama inmenso de mi vida 12
La dura mano del destino mío. 10
Ya no habitaba entonces mi cabaña, 13
Ni vivía la madre tierna y pura 10
Que me enseñó a adorar en la montaña 14
O en el fresco vergel de la llanura, 12
La Cruz agreste que el pastor venera, 12
Y que tiene por techo los espacios, 10
Y por eterna alfombra la pradera . 11
Yo estaba en la ciudad... allí el creyente 14
Busca los grande s templos suntüosos 10
De columnas de mármol esplendente, 11
De ricos artesones primorosos, 11
De altares de marfil... quiere embriagarse 13
En la nube de aromas que se exhala 13
De los fulgentes incensarios de oro, 12
Y adormecer sus lánguidos sentidos 11
A los ecos del órgano sonoro, 11
De la profana música remedo; 11
Fariseo sensual y sibarita, 9
Quiere adorar a Dios como el levita 13
O como el vil pontífice pagano. 12
¿Yo prosternarme allí? ¿yo ser cristiano 12
Con ese culto hipócrita? ¡no puedo! 12
Y vine a verte en la montaña oscura, 13
Aquí en las altas rocas solitarias 12
Del venerable bosque en la espesura; 13
Vengo a verter el llanto de amargura 13
Al murmurar mis férvidas plegarias. 11
Por fin ya te encontré, ¡signo sublime! 12
Virgen de humillación, como quería; 11
Cual te buscaba siempre el alma mía, 11
Que tanto y tanto la desgracia oprime. 12
¡Oh! tú no tienes los altares de oro 12
Que aquella gente hipócrita venera, 13
Ni aquí resuena el órgano sonoro, 13
Ni el perfumado cirio reverbera; 12
Pobre te alzas aquí... mas yo te adoro 13
Con el cariño de mi fe primera . 11
No tienes más adorno que las flores 11
Que el inocente leñador cortara 12
De los esbeltos juncos cimbradores 11
Para alfombrar el césped de tu ara 12
O de campestres lirios, la cadena 11
Que pastora infeliz ofreció pía, 11
Cuando con labio trémulo pedía 10
Tu protección en su amorosa pena. 12
Te da sus perlas la naciente aurora 12
En argentada lluvia de rocío, 10
Del iris con las tintas te colora 11
El sol de las mañanas del estío; 10
La piedra de tu altar, arrulladora 12
Lame la blanca linfa de ese río, 11
Que va después entre la selva oscura 12
El soto a fecundar y la llanura. 11
Cantan aquí sus himnos perennales 11
La enamorada tórtola inocente, 13
Y el alegre centzontli, y los turpiales 11
En los enmarañados bejucales 11
Y en la verde espadaña del torrente, 12
Mientras que de los riscos, espumantes 11
Gimen las roncas aguas, despeñadas, 11
En sus grutas de pórfido encerradas. 12
Tú eres humilde, ¡oh Cruz! pero estás pura; 14
Aquí no llega el corrompido aliento 13
Del mundo vil, ni el bacanal acento 12
Que alza la humanidad en su locura. 13
Tú eres muy pobre ¡oh Cruz! pero elocuente 14
Me hablas ahora, como hablar solías 12
Al ardoroso apóstol, al creyente 12
Que te adoraba en los antiguos días. 12
Así te quiso el Redentor del mundo, 12
Que te escogió en el bosque centenario 13
Par a abrazarte con dolor profundo 12
En su santo martirio del Calvario. 11
Y así debes estar, entre tus flores, 11
En tus añosos bosques escondidos, 11
Consolando los tímidos dolores, 11
Aliviando los pechos oprimidos. 11
¡Santa y sublime Cruz! ¡soy desdichado! 11
Ruge la tempestad de los pesares 11
Dentro mi corazón desesperado. 11
¡Vengo a buscar consuelo en tus altares! 13
Dame de mi niñez blando el sosiego; 12
Que vuelva al corazón la antigua calma; 13
¡Consuelo del cristiano, te lo ruego! 11
Yo tengo mustia y dolorida el alma. 12
Yo quiero aquí olvidar; busco un asilo 14
En ti, mi dulce y única esperanza; 12
Aquí en tu altar descansaré tranquilo; 13
Aquí hallaré la paz y la bonanza. 11
Y cuando enlute el velo funerario 12
Mi triste frente, y al dolor sucumba, 11
Tú, Cruz humilde, cubrirás mi osario, 12
Y tus violetas ornarán mi tumba. 10

Análisis métrico

127 Versos
11.8 Media silábica
1493 Sílabas totales