AL CUMPLIR TREINTA AÑOS
Como el arco de oro y grana
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Dosel del erguido monte,
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Que en el azul horizonte
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Abre paso a la mañana;
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Así de mi edad temprana
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En la ignorancia atrevida,
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Miró el alma conmovida
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Gloria, fe, sueños dorados,
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Arreboles agrupados
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En la puerta de la vida.
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Y tras los blancos crespones
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Que el sol de la fe bañaba,
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Absorta el alma escuchaba
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Rimas, trovas y canciones;
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Misteriosas vibraciones
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Brotadas de ignota lira,
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Frases que el viento suspira,
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Fantasmas que en esa edad,
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Engendran luz y verdad
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En la sombra y la mentira.
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¡Cuán bello cruza el amor
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Luciendo brillantes galas,
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Y reflejando en sus alas
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De la aurora el resplandor!
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Y cómo al dulce calor
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De aquella edad venturosa,
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Puede el alma cariñosa
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Mirar, sin esfuerzo vano,
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En cada amigo un hermano,
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Y un ángel en cada hermosa.
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Por esa luz encantada
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Alumbrado el porvenir,
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Sueña el alma con vivir
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En una eterna alborada.
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Se refleja en la mirada
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Del corazón la pureza,
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Y no empañan la belleza
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De nuestro azul firmamento,
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Sombras de remordimiento,
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Crepúsculos de tristeza.
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Y como estrellas errantes
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En constante torbellino
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Alumbran nuestro camino
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Las ilusiones brillantes:
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Nobles amigos constantes;
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Mujeres tiernas, fieles;
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Nuestro nombre los cinceles
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Eternizando en la historia,
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Y en todas partes la gloria
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Ofreciéndonos laureles.
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Sin sospechar la perfidia
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Ni el mal, ni el rencor profundo,
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Sin advertir que en el mundo
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Vive y se agita la envidia;
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Sin adivinar que lidia
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El crimen con la inocencia;
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Sin pensar que la existencia
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Es lucha en la que, cobarde.
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Acude inútil y tarde
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A salvarnos la experiencia.
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Así el arco de oro y grana
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De la puerta de la vida
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Cruza el alma enternecida,
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Con sus ensueños ufana;
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Y tras la primer mañana
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De ilusiones y de encanto,
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Mira descorrerse el manto
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Que ocultó sombras y abrojos
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Y enturbia entonces los ojos
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La amarga nube del llanto.
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Esas lágrimas que ciegan,
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¡Con cuánto dolor se lloran!
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Y cuando no se evaporan,
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Otras a alcanzarlas llegan:
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Llanto nuestros ojos riegan;
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Y tras de tanto sufrir
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Pensando en lo porvenir,
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Viénense al fin a negar,
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Las pupilas a llorar
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Y el corazón a sentir.
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Y sin fe, sin esperanza,
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El alma ve con temor
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La traición en el amor,
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En la amistad la asechanza;
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Sin ilusiones avanza;
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Abrojos tan sólo pisa
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Y para marchar de prisa,
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Cual sueña su amor profundo,
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Lleva al carnaval del mundo
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El antifaz de la risa.
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Pero en ese carnaval
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Víctimas somos también
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Que vamos mintiendo el bien,
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Cuando alentamos el mal.
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Ruge en el pecho, fatal,
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De las penas la tormenta,
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Y busca el alma sedienta
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Algo que su mal mitigue,
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Y la envidia la persigue,
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Y la calumnia la afrenta.
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¿Y es ésta la vida? ¿Es esto
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Cuanto el porvenir encierra?
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¿No hay un consuelo en la tierra
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Para el destino funesto?
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¿Tan presto vuelan, tan presto
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Las ilusiones? ¿será
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El desierto más allá...?
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¿Para la razón escasa
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Todo vuela, todo pasa,
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Todo se muere y se va?
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Si se aumenta con los años
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Tan espantosa aridez,
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¿Qué nos queda en la vejez,
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Tras de tantos desengaños?
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Por males propios y extraños
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Secándose el corazón;
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Muertas la fe y la ilusión,
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El cuerpo débil y enfermo
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Y alumbrando un campo yermo
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El astro de la razón.
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Sigamos con firme paso
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Por esta ruta sombría,
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Mientras el sol cada día
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Va del Oriente al Ocaso.
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Cual la flor deja en el vaso
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Su perfume, en nuestra historia
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Dejemos una memoria;
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Tornemos en risa el duelo...
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Sufrir sin pedir consuelo,
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Es la verdadera gloria.
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Análisis métrico
130
Versos
8.3
Media silábica
1080
Sílabas totales