EL DERRUMBAMIENTO I EL SALMO DE LAS CUMBRES
Silencio y paz.
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El monte de agrias puntas,
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que en afilar la cúspide se afana,
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es un titán con las dos manos juntas
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en la actitud de una oración cristiana.
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Las cumbres de sinuosas inflexiones
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como oleajes de horrendos cataclismos,
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parecen formidables corazones
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enterrados de punta en los abismos.
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El alto monte que hasta el cielo crece,
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de orgullos fieros y ambiciones sumas,
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vertiendo agua en los cóncavos, parece
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Hércules que se humilla hilando espumas...
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Cual si Moisés abriera
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una senda a su ejército bravío,
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súbitamente la montaña entera
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se parte en dos para dar paso al río
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Por entre la montaña, en la espesura
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protesta el río con clamor de fraguas:
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límpida raya en cabellera obscura,
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a veces con la red de la verdura
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cubre las desnudeces de sus aguas.
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Esos que, sin llorar e indiferentes,
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sonríen del dolor que les arredra,
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podrían ahí ver que hasta la piedra
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sabe también llorar, ¡llora torrentes!
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En la noche ¡oh visión la de las cumbres!
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La noche bajo el ala abriga estrellas,
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sombras de sombras, fugas de vislumbres,
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golpes de trueno y tajos de centellas.
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Ahí... sobre esa cumbre que reposa,
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se ven los astros palpitar con vida,
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simulando, en las sombras, la caída
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de una como nevada luminosa,
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pero perpetuamente suspendida.
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Y hasta ahí... por las cúspides bifrontes,
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con pie de acero y corazón de brasa,
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irá el tren de lejanos horizontes,
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que superpuestos túneles traspasa
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como una aguja que cosiera montes...
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Análisis métrico
40
Versos
11.5
Media silábica
460
Sílabas totales