LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPPI
Fumo mucho. Demasiado.
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Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
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y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
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Fumo mucho. En el cenicero hay
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ideas y poemas y voces
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de amigos que no tengo. Y tengo
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la boca llena de sangre,
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y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
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y toda mi alma sabe a sangre,
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sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
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en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
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que se mueven ingenuos, torpes, en
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esta vida que ya sé.
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Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
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y no siento un corazón. No hay,
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no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
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sino quizá en el alcohol, en esa
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sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
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la única sangre en este mundo que no existe
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que es como el mal programado, o
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como fábrica de vida o un sastre
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que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
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quizá el reloj y las horas pasan.
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Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
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de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
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y mi vida oliendo.
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Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
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y que este cuento es cierto, este
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absurdo que delatan mis ojos,
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este delirio en Veracruz, y que este
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país es cierto este lugar parecido al Infierno,
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que llaman España, he oído
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a los muertos que el Infierno
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es mejor que esto y se parece más.
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Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
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me digo que estar borracho es no estarlo
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toda la vida, es
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estar borracho de vida y no de muerte,
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es una sangre distinta de esa otra
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espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
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y los agujeros de la vida.
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Y es que no hay otra comunión
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ni otro espasmo que este del vino
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y ningún otro sexo ni mujer
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que el vaso de alcohol besándome los labios
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que este vaso de alcohol que llevo en el
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cerebro, en los pies, en la sangre.
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Que este vaso de vino oscuro o blanco,
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de ginebra o de ron o lo que sea
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—ginebra y cerveza, por ejemplo—
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que es como la infancia, y no es
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huida, ni evasión, ni sueño
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sino la única vida real y todo lo posible
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y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
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a algún ser que es probable que esté
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ahí la vida de los dioses
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y unos días soy Caín, y otros
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un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
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un cazador de dotes que por otra parte he sido
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pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud»
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un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
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un asesino tímido y psicótico, y otros
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alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
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en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
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recuerdan, dicen
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con la copa en la mano, hablando mucho,
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hablando para poder existir de que
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no hay nada mejor que decirse
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a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
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la marea del vino en la sangre y el alma.
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O bien alguien perdido en las galerías del espejo
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buscando a su Novia. Y otras veces
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soy Abel que tiene un plan perfecto
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para rescatar la vida y restaurar a los hombres
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y también a veces lloro por no ser un esclavo
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negro en el sur, llorando
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entre las plantaciones!
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Es tan bella la ruina, tan profunda
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sé todos sus colores y es
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como una sinfonía la música del acabamiento,
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como música que tocan en el más allá,
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y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
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tengo sangre en los ojos de borracho
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y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
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y vomito el alma por las mañanas,
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después de pasar toda la noche jurando
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frente a una muñeca de goma que existe Dios.
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Escribir en España no es llorar, es beber,
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es beber la rabia del que no se resigna
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a morir en las esquinas, es beber y mal
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decir, blasfemar contra España
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contra este país sin dioses pero con
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estatuas de dioses, es
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beber en la iglesia con música de órgano
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es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
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tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont
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caerse húmedo babeante y tonto y
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derrumbarse como un árbol ante los farolillos
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de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
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hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
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no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
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de las que allí había al principio.
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Y decir al morir, cuando tenga
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ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
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gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
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en este paraíso para espectros
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y también a los ciervos que he visto en el bosque,
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y a los pájaros y a los lobos en la calle y
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acechando en las esquinas
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«Fifteen men on the Dead Man's Chest
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Fifteen men on the Dead Man's Chest
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Yahoo! And a bottle of rum!»
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Análisis métrico
112
Versos
12.5
Media silábica
1397
Sílabas totales