DOS POEMAS
1. Si oyes correr el agua
8
Si oyes correr el agua en las acequias,
13
su manso sueño pasar entre penumbras y musgos,
14
con el apagado sonido de algo
12
que tiende a demorarse en la sombra vegetal.
15
Si tienes suerte y preservas ese instante
13
con el temblor de los helechos que no cesa,
13
con el atónito limo que se debate
13
en el cauce inmutable y siempre en viaje.
13
Si tienes la paciencia del guijarro,
11
su voz callada, su gris acento sin aristas,
14
y aguardas hasta que la luz haga su entrada,
14
es bueno que sepas que allí van a llamarte
14
con un nombre nunca antes pronunciado.
12
Toda la ardua armonía del mundo
11
es probable que entonces te sea revelada,
14
pero sólo por esta vez.
8
¿Sabrás, acaso, descifrarla en el rumor del agua
16
que se evade sin remedio y para siempre?
13
2. Como espadas en desorden
9
Como espadas en desorden
9
la luz recorre los campos.
8
Islas de sombra se desvanecen
10
e intentan, en vano, sobrevivir más lejos.
14
Allí, de nuevo, las alcanza el fulgor
12
del mediodía que ordena sus huestes
11
y establece sus dominios.
8
El hombre nada sabe de estos callados combates.
16
Su vocación de penumbra, su costumbre de olvido,
16
sus hábitos, en fin, y sus lacerías,
10
le niegan el goce de esa fiesta imprevista
15
que sucede por caprichoso designio
12
de quienes, en lo alto, lanzan los mudos dados
14
cuya cifra jamás conoceremos.
11
Los sabios, entretanto, predican la conformidad.
15
Sólo los dioses saben que esta virtud incierta
15
es otro vano intento de abolir el azar.
15
Análisis métrico
37
Versos
12.5
Media silábica
461
Sílabas totales