A ORILLAS DEL TEQUENDAMA
¡Déjame ver tus ondas, Tequendama,
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Que el viento en el espacio desparrama
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Cual nítido vellón;
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Déjame colocar en tu corriente,
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No la guirnalda que soñó mi mente,
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¡Mi propio corazón!
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Yo de ese polvo que revuelves fiero
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Soy amasado. Tu morir prefiero
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Al vivir del dolor;
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Nacido del desierto entre las brumas,
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Al tocar en mi frente tus espumas
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Me da placer tu horror.
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Cansado llego a tu silvestre orilla,
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En la que apenas el primero brilla
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Rayo del almo sol;
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Leve gasa de plata, como un velo,
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Del fondo de tu abismo sube al cielo
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Con tintes de arrebol.
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La sola inmensidad que te rodea,
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Ese eterno girar que me marea,
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¡Redoblan mi emoción!...
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La ciudad, su bullicio, su locura
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Lo sensual del amor y la hermosura,
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Junto de ti ¿qué, son?...
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¿Qué de un pecho cobarde la tristeza
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Si el recuerdo fatal de una belleza
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Le punza el corazón?...
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¿Qué de un alma sin fe, sin esperanza,
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Que alcanza a todo y a elevar no alcanza
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Al cielo una oración?...
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¡Cuántas veces el hombre primitivo,
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Buscando a su dolor un lenitivo,
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Treguas a una pasión,
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En tu férvido espejo se arrobara
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Y una plegaria a tu creador alzara
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¡Llena de fe y unción!
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¡Humo no más de un labio conmovido,
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Con el humo de tu onda confundido,
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Una voz y otra voz!
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El labio humano, que el temor desata,
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Cuyo piadoso acento le arrebata
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Su imperio a la razón,
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¡Y el eco de tu selva sempiterno,
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Hoy sonido no más, ayer infierno
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Del indio soñador!
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¡La aspiración humana indefinida,
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Que en lo secreto de la muerte anida,
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Y tu ciego turbión!...
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¿Que a mi las preces con que el hombre quiere
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Reanimar la esperanza que se muere,
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Evitar el dolor?
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¿Qué del que humilla la cerviz al yugo
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Y hace del sacerdote su verdugo,
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Confiándole su honor?...
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¡Busqué a Dios en la ciencia de los hombres
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Y sólo hallé el error con falsos nombres
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Dictados por la fe!
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Dime, la fuerza que constante agita
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Tu ingente mole a la conciencia grita
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—¿«Es Este, adora en él»?
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El iris que en tu frente resplandece,
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Tu trueno que los bosques ensordece,
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Tu regia majestad,
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¿Pueden acaso con su lengua muda
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Llevar la calma al corazón que duda,
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Mostrarle la verdad?
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¿Es consciente la fuerza que te empuja?
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¿Lleva vida en su seno la burbuja
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Que a tu fondo cayó?
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¿No es el mundo un autómata que gimo
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Bajo una ley eterna que le oprime?
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¿Es esa ley un Dios?...
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¡Tinieblas y mudez!... En la penumbra
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De la conciencia humana sólo alumbra
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La luz de la razon;
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Ella las zarzas del camino baña,
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Muestra al hombre, tras árida montaña,
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Valle de redención.
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Su tibio rayo enrojeció la pira
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En que postrado yace, ardiendo en ira,
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El déspota feroz;
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En que se tuesta el labio del malvado
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Que elevó la impostura a apostolado
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De infame religión...
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Ella me dice que la luz del día,
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Las tempestades de la mar bravía,
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¡Tu misma hermosa faz,
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Notas son del poema misterioso
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Con que arrulla su sueño voluptuoso
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El alma universal!
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Tú eres no más que un átomo brillante
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Perdido en las entrañas del gigante
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Increado creador.
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Sin pensamiento, inmoble, estacionario,
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Sin un foco de amor en tu santuario,
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¡Cuán triste es tu misión!...
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El hombre en tanto es genio: de sus manos
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Brota la luz que inunda los arcanos
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De lo que fue y lo que es;
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Lleva en su mente el universo entero,
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A su pecho da Amor el derrotero,
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su alma el interés...
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Perdona si en lugar de poesía,
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De flores y esmeralda y ambrosía,
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¡De cántigas de amor,
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Dejo en tu orilla descarnada idea
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Apenas tinta con la luz febea
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De un bardo del dolor!...
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No existen hoy ni sílfides, ni ondinas,
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Ni náyades, ni faunos; argentinas
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Voces no suenan ya
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En la concha de nácar de los mares:
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El ángel de la noche en los palmares
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¡No ha vuelto a suspirar!...
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Rompió su carro el sol; hoy pobre estrella,
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Con manchas en la faz, tímida y bella,
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Cruza la inmensidad.
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Callaron las sirenas y tritones;
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El error y la fe... las ilusiones,
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Y aun los Dioses... ¡se van!...
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¡Adiós, vertiginosa catarata!...
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¡Cuando se acabe para mí la grata
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Ilusión de amar más, que es ya morir,
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A ti vendré; y en tu fulgente espira
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Mi mano inerte arrojará mi lira
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Con tus últimos ecos a gemir!...
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Análisis métrico
126
Versos
10.2
Media silábica
1284
Sílabas totales