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ECHEVERRÍA

Autor del poema: Buenos Aires, 1881
I 1
Era esa pampa dilatada y sola, 12
Sin otra vida que la vida aquella 12
Que hace rodar la ola 8
Y girar en los cielos una estrella; 11
Sin más palabra que la voz vibrante 11
Del buitre carnicero, 7
El alarido de la tribu errante 12
Y el soplo del pampero. 7
Faltaba el alma a la extensión vacía; 13
A los vientos del llano, 7
Un rumor cadencioso, una armonía 12
Que sólo brota el corazón humano. 12
Su lumbre derramaba 7
El sol, siguiendo su fatal camino; 11
La luna, su destello soñoliento; 11
Pero al cielo faltaba 8
Un astro, el astro del amor divino, 12
Y a la tierra el fulgor del pensamiento. 12
Sentir, pensar... Suprema, única vida; 12
Para la sed del alma, ¡única fuente! 12
Sobre la tierra, que a vivir convida, 12
¿Bastarnos puede, acaso, 8
Un astro que se eleva del oriente 12
Y se oculta en silencio en el ocaso? 13
Nada dice al espíritu 9
La noche taciturna, 7
Encorvando su bóveda sombría 10
Como una inmensa urna 9
Sobre la tierra desmayada y fría, 10
Si en la sombra lejana 8
De sus antros sin nombre 7
No destella la mente soberana 11
Y no palpita el corazón del hombre. 11
El vuelo de las aves, 7
De la laguna el musical ruido, 11
Las mil voces suaves 6
Que el viento imprime al pajonal dormido... 14
¡Ah! todo ese concierto 8
En vano resonaba, 7
Porque allá, sin un eco, se apagaba 13
¡En los profundos senos del desierto! 11
II 1
Llegó por fin el memorable día 10
En que la patria despertó a los sones 12
De mágica armonía; 7
En que todos sus himnos se juntaron 11
Y súbito estallaron 7
En la lira inmortal de Echeverría. 12
Como surgiendo de silente abismo, 12
El mundo americano 8
Alborozado se escuchó a sí mismo: 13
El Plata oyó su trueno; 8
La Pampa, sus rumores; 7
Y el verjel tucumano. 7
Prestando oído a su agitado seno, 13
Sobre el poeta derramó sus flores. 11
Desde la hierba humilde, 8
Hasta el ombú de copa gigantea; 11
Desde el ave rastrera que no alcanza 13
De los cielos la altura, 8
Hasta el chajá que allí se balancea 12
Y, a cada nube oscura, 8
A grito herido sus alertas lanza; 12
Todo tiene un acento 8
En su estrofa divina, 8
Pues no hay soplo, latido, movimiento, 12
Que no traiga a sus versos el aliento 12
De la tierra argentina. 8
III 1
Una tarde sintió dentro del pecho 11
Esa fuerza expansiva 8
Que hace parezca el horizonte estrecho 14
De la ciudad nativa; 7
Y tendido en el lomo rozagante 11
Del potro pampeano, 6
Campos y campos devoró anhelante, 11
Y allá en la sombra se perdió del llano. 12
La noche era tranquila; 8
En la faz del desierto 7
Clavaban las estrellas la pupila, 11
Con esa mezcla de ansiedad y pena 11
Con que miramos en la tierra a un muerto. 13
¿Qué hablaron al poeta 7
Esos murmullos de la noche en calma 12
Del carrizal nacidos, 7
Que cantan al pasar en los oídos 10
Y lloran en el alma? 6
¿Qué historia le contaron ? 8
¿Qué dolorosa y fúnebre quimera, 11
Que sus ojos en llanto se empañaron 12
Y detuvo del potro la carrera ? 10
¡Era que oyó el gemido 9
De un pecho desgarrado, 8
Un grito por tres siglos repetido 11
Y de nadie escuchado! 7
¡Era que de su lira generosa 11
Cayó en la cuerda viva, 8
Como gota de lluvia, luminosa, 11
La lágrima infeliz de la cautiva! 12
IV 1
En vano entre sus toldos el salvaje 12
Esclavizó a María: 7
En sus sueños geniales el poeta, 10
En el distante aduar, la presentía. 11
Para él nació; para su gloria fueron 12
Aquellas formas armoniosas, bellas; 11
Esos ojos que lágrimas vertieron 11
Hasta empaparle el corazón con ellas. 13
El reflejó en su espíritu doliente 13
Su historia sin ventura; 8
Él la siguió, como paterna sombra, 11
Por la vasta llanura; 7
El hizo que las gotas de su llanto 11
En las almas sensibles se volcaran, 11
Y los ojos enjutos 6
De todo un pueblo a humedecer llegaran. 14
Rosa temprana en una erial caída, 12
El recogió sus hojas una a una. 12
Entregadas ¡oh Dios! por la fortuna 11
A todas las tormentas de la vida; 11
Y en las cadencias de su verso alado, 12
Dulce, insinuante, musical, sereno, 12
Vino y vertió su aroma delicado 12
De nuestra patria en el materno seno. 12
Desde entonces hay cantos de ternura, 12
Rumoi de besos en la pampa inmensa; 12
Hay un alma que piensa, 7
Una fibra que late a cada paso; 12
Y derrama su lumbre perdurable 10
El astro hermoso que la vida encierra, 13
El astro del amor, puro, inefable, 12
Que no rueda al ocaso, 8
Que no empañan tormentas de la tierra. 12
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¡República Argentina, madre mía! 11
¡Felices ¡ah! los que tu sien miraron 11
De frescos lauros coronarse un día! 11
¡Los que tu suelo estéril fecundaron 12
Con sangre de sus venas, 7
Y anillo por anillo, las cadenas 11
De la oprobiosa esclavitud trozaron! 13
Para aquellos heroicos corazones 12
Era música grata, 7
Del Pacífico al Plata, 8
El solemne tronar de tus cañones. 11
Solo a ellos fue dado 8
Contemplar esa mágica belleza 11
Con que, rotas las brumas del pasado, 11
Se levantó tu juvenil cabeza; 11
Sólo a ellos, beber en el reguero 12
De viva luz, que derramó en tu frente, 12
De Moreno, la mente, 7
De San Martín el inflexible acero. 12
¡Con qué íntimo gozo, 7
Tus hijos, fuertes en su amor profundo, 12
Te colocaron en excelso asiento 12
Para mostrarte independiente al mundo, 13
Independiente y libre... 7
Libre no, que era esclavo el pensamiento! 14
El filo de la espada 8
Cortar puede los lazos 7
Que a un pueblo oprimen de otro pueblo en brazos; 16
Más aquellos que inerte 8
El alma dejan a merced extraña, 11
Que hasta el rayo de sol en que se baña 13
Le dan quebrado por ajeno prisma, 11
Como el diamante con su propio polvo, 12
Sólo se cortan con el alma misma. 11
Y Echeverría los cortó. Su mente 10
Hirió como una espada, 9
De resplandores acerados llena, 11
Las viejas ligaduras 7
Que de la patria la conciencia atada 12
Tuvieron ¡ay a la conciencia ajena! 12
¡Y fue la libertad! ¡Y el pensamiento, 10
Tomó las alas del nativo cóndor 11
Para escalar audaz el firmamento; 12
Para arrojar de la región del rayo, 12
En páginas de fuego, 7
El Dogma excelso que, inspirado en Mayo, 14
Fue norma y guía de la patria luego! 10
VI 1
Profundas melodías 6
Vagaban en la atmósfera serena, 12
Como el fúnebre acento de la quema 13
Que sollozaba en los antiguos días: 11
Dulces cantos de amor, que eran el alma 13
Claridad y rocío: 5
El triste desengaño, el negro hastío, 12
l,a esperanza risueña... 8
¡Ah! ¡todo ese universo 9
Revivió en los Consuelos, y su verso 11
Se apoderó déla mujer porteña! 12
Él les dijo al oído 7
Tantos sueños de amor, que el alma encienden; 14
Tanto vago secreto, 7
De esos que ellas aprenden 9
Como las aves a construir su nido, 11
Que aún su nombre es amado 9
Como recuerdo de amorosa historia, 13
Cuya doliente evocación consuela; 12
Y aún llevan, en ofrenda a su memoria, 12
Ornando sus hechizos, 7
La cándida diamela 7
Que él, con sus manos, enlazó a sus rizos. 13
VII 1
Llegó el tiempo fatal, llegó la hora 12
En que de nubes se cubrió y de duelo 11
La faz tranquila del hermoso cielo 11
Que vio de Mayo la primera aurora. 12
Como fiera traidora 7
Que avanza oculta en tempestad sombría, 13
La libertad rasgando y el derecho, 11
¡La garra de la infame tiranía 11
De Buenos Aires se clavó en el pecho!.. 12
¡Adiós, sueños de amor! ¡adiós, hermosas 12
Que a la sien del poeta 7
Ofrenda hicisteis de tejidas rosas! 12
Él todavía, la mirada inquieta, 11
Vuelve a vosotras, de la nave ingrata 13
Que lo lleva al destierro y a la muerte 12
Sobre las olas del airado Plata. 11
¡Se ausentó para siempre! Solitario 12
Quedó su corazón, pues no cabía 10
En su íntimo santuario, 8
Otro amor que su patria, ni otro cielo 13
Que aquel sublime y grande, 8
Que se dilata del platino estuario, 12
En arco inmenso, hasta la sien del Ande. 13
Brotó de su alma, en su postrera noche, 13
Una lágrima ardiente, 8
De bendición para la patria ausente; 12
Para el tirano, de viril reproche; 12
Y herido al fin por la implacable saña 13
Del destino, se hundió como los astros, 12
Dejando en torno luminosos rastros, 12
En el sepulcro de la tierra extraña! 12
¡Oh injusticia! ¡oh dolor!... Patria de Mayo 13
¿Dónde están del poeta los despojos? 11
¿Brilla en su tumba de tu sol el rayo? 12
¿La misma luz que acarició sus ojos? 12
¿Duerme, madre, en tu seno 8
El hijo tuyo, el corazón valiente, 12
El que ni en llanto humedeció ni en sangre 14
El vivo lauro que ciñó a tu frente? 12
¡No, que el cantor de la llanura, yace 12
De su pueblo olvidado!... 8
Ayer no más, trayendo las cenizas 11
Del héroe invicto, del primer soldado, 12
Llena de pompa y luz y movimiento, 10
Rozando aquella tumba solitaria 12
Pasó la nave; y su estertor profundo, 12
Hizo temblar la copa funeraria 11
De los cipreses, en dolientes coros, 11
Al huir gallarda a la natal ribera, 12
Revolviendo las hélices sonoras 11
¡Y suelta al aire la triunfal bandera! 11
¡Quedó esa tumba abandonada!... Empero, 14
El fue también libertador; ¡guerrero 11
De la lucha más noble! —La Cautiva. 11
Que el sentimiento nacional exalta 12
Y su estandarte victorioso ondea, 11
Es como Maypo y Ayacucho y Salta, 11
¡El triunfo de una idea! 8
¡Poetas! De la patria es nuestra lira, 11
La inspiración sagrada 8
Que en sed de gloria, ¡al ideal aspira! 12
Y si queremos de los hijos nuestros 10
Tan solo una mirada, 8
No de frío desdén, de noble orgullo, 11
Venid, y entrelazadas nuestras manos, 11
¡Sigamos esa estrella que nos guía! 11
¡Lancémonos nosotros, sus hermanos 11
Por la senda inmortal de Echeverría! 12

Análisis métrico

276 Versos
10.2 Media silábica
2815 Sílabas totales