EL ATOYAC (EN UNA CRECIENTE)
Nace en la Sierra entre empinados riscos
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Humilde manantial, lamiendo apenas
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Las doradas arenas,
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Y acariciando el tronco de la encina
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Y los pies de los pinos cimbradores
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Por un tapiz de flores
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Desciende y a la costa se encamina
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El tributo abundante recibiendo
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De cien arroyos que en las selvas brotan.
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A poco, ya rugiendo
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Y el álveo estrecho a su poder sintiendo,
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Invade la llanura,
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Se abre paso del bosque en la espesura;
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Y fiero ya con el raudal que baja
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Desde los senos de la nube oscura,
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Las colinas desgaja,
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Arranca las parotas seculares,
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Se lleva las cabañas.
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Como blandas y humildes espadañas,
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Arrasa los palmares,
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Arrebata los mangles corpulentos:
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Sus furores violentos
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Ya nada puede resistir, ni evita;
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Hasta que puerta a su correr dejando
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La playa... rebramando
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¡En el seno del mar se precipita!
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. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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¡Oh cuál semeja tu furor bravío
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Aquel furor temible y poderoso
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De amor, que es como río
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Dulcísimo al nacer, más espantoso
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Al crecer y perderse moribundo
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De los pesares en el mar profundo!
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Nace de una sonrisa del destino,
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Y la esperanza, arrúllale en la cuna;
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Crece después, y sigue aquel camino
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Que la ingrata fortuna
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En hacerle penoso se complace,
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Las desgracias le estrechan, imposibles
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Le cercan por doquiera;
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Hasta que al fin violento,
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Y tenaz, y potente se exaspera,
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Y atropellando valladares, corre
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Desatentado y ciego,
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De su ambición llevado, para hundirse
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En las desdichas luego.
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. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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¡Ay, impetuoso río!
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Después vendrá el estío,
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Y secando el caudal de tu corriente,
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Tan sólo dejará la rambla ardiente
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De tu lecho vacío.
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Así también la dolorosa historia
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De una pasión que trastornó la vida,
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Sólo deja, extinguida,
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Su sepulcro de lava en la memoria.
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Análisis métrico
56
Versos
9.7
Media silábica
543
Sílabas totales