NEGRO Y AMARILLO
Es la hacienda refugio consagrado
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de las razas ungidas por el crimen,
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que con la lampa, el pico y el arado,
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se alzan, se transfiguran, se redimen.
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Siempre jadeantes, la lección aprenden
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del trabajo viril negros y chinos:
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el giro de los émbolos atienden,
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cortan la caña y limpian los caminos.
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Cuando, cansados, al hogar sencillo
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vuelven y se amontonan a la puerta,
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de cenicienta luna con el brillo
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mudos admiran la extensión desierta;
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y acaso sienten la nostalgia inmensa,
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dibujando un recuerdo en la penumbra,
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que siente el incensario que no inciensa
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y que siente la antorcha que no alumbra...
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Quizá el negro, cruzándose de brazos,
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espera siempre que su gloria vuelva
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soñando en los recónditos regazos
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de una africana y majestuosa selva...
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Quizá el chico, en cuclillas, como un brujo,
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con apostura extraña y gesto impropio,
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finge süave y exótico dibujo
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en las volutas lánguidas del opio...
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Y siempre entre sus sueños soberanos
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sienten así, pensando en sus destinos,
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el rugir de los leones africanos
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o el aletear de los dragones chinos...
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Análisis métrico
28
Versos
11.7
Media silábica
328
Sílabas totales