LA BIZARRA CAPITAL DE MI ESTADO…
He de encomiar en verso sincerista
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la capital bizarra
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de mi Estado, que es un
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cielo cruel y una tierra colorada.
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Una frialdad unánime
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en el ambiente, y unas recatadas
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señoritas con rostro de manzana,
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ilustraciones prófugas
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De las cajas de pasas.
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Católicos de Pedro el Ermitaño
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y jacobinos de época terciaria.
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(Y se odian los unos a los otros
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con buena fe.)
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Una típica montaña
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que, fingiendo un corcel que se encabrita,
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al dorso lleva una capilla, alzada
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al Patrocinio de la Virgen.
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Altas
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y bajas del terreno, que son siempre
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una broma pesada.
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Y una Catedral, y una campana
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mayor que cuando suena, simultánea
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con el primer clarín del primer gallo,
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en las avemarías, me da lástima
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que no la escuche el Papa.
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Porque la cristiandad entonces clama
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cual si fuese su queja mas urgida
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la vibración metálica,
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y al concurrir ese clamor concéntrico
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del bronce, en el ánima del ánima,
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se siente que las aguas
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del bautismo nos corren por los huesos
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y otra vez nos penetran y nos lavan.
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Análisis métrico
33
Versos
9.6
Media silábica
316
Sílabas totales