A BALCARCE
No has muerto, poeta: tu acento querido
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Vibrando en el alma del pueblo quedó
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Y un eco perenne nos dice al oido:
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¡Adiós, Buenos Aires; amigos adiós!
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De cuantos cantores honraron su historia,
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Ninguno más dulce, más tierno que tú.
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Ninguno ha dejado más blanca memoria.
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Ni lleva en la frente más cándida luz.
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El mismo sepulcro no tiene tinieblas
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Que basten a hurtarnos tu vivo fulgor,
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Pues tú las divides y apartas y pueblas,
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Con sólo tu nombre, de rayos de sol.
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Tu sueño se cumple: la patria adelanta,
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Sus frutos opimos nos brinda la paz;
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Los granos de polvo que el viento levanta
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Cayeron un día... tú, nunca caerás.
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Profeta inconsciente, cual todo profeta,
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Tiranos y errores miraste caer:
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Y amigos yo he visto del niño poeta
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Con frentes ya calvas dictando la ley
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Durante la infancia, tu «adiós» me decía
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Las ansias secretas del próximo fin,
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Y tu alma volcaba, llenando la mía,
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Tristezas que nunca se fueron de mí.
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Por eso en tu estrofa que amé desde niño,
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Tas dos o tres hojas de tierno laurel,
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Ha puesto mi mano, con hondo cariño,
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En esta guirnalda que enlazo a tu sien.
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Análisis métrico
28
Versos
11.9
Media silábica
333
Sílabas totales