EL CONSEJO MATERNAL
Ven para acá, me dijo dulcemente
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mi madre cierto día,
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(aún me parece que escucho en el ambiente
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de su voz la celeste melodía).
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Ven y dime qué causas tan extrañas
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te arrancan esa lágrima, hijo mío,
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que cuelga de tus trémulas pestañas
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como gota cuajada de rocío.
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Tú tienes una pena y me la ocultas:
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¿no sabes que la madre más sencilla
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sabe leer en el alma de sus hijos
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como tú en la cartilla?
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¿Quieres que te adivine lo que sientes?
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Ven para acá, pilluelo,
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que con un par de besos en la frente
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disiparé las nubes de tu cielo.
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Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije,
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las causa de mis lágrimas ignoro;
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pero de vez en cuando se me oprime
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el corazón, y ¡lloro!...
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Ella inclinó la frente pensativa,
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se turbó su pupila,
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y enjugando sus ojos y los míos,
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Llama siempre a tu madre cuando sufras
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que vendrá muerta o viva:
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si está en el mundo a compartir tus penas,
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y si no, a consolarte desde arriba.
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Y lo hago así cuando la suerte ruda
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como hoy perturba de mi hogar la calma,
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invoco el nombre de mi madre amada,
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¡y entonces siento que se ensancha mi alma!
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Análisis métrico
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Versos
10.8
Media silábica
335
Sílabas totales