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LA MUJER DE SAL

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco
¡Oh, blancura imposible de la Amada imposible! 17
¡Por todos mis desvelos cruza, como un fantasma, 15
como un jirón de invierno, su carne sin penumbras, 16
inverosímilmente blanca! 9
¡Oh, blancura imposible, 8
que integra mis delirios y va sobre mi alma, 14
con la apariencia leve de un sudario 13
y la verdad de mármol de una lápida! 12
Si alguna vez la viste, filósofo ambulante, 16
devanador de calles, enredador de plazas, 14
tejedor de monólogos, si alguna vez la viste, 16
di si es verdad que te espantó mirarla. 13
El resumen de todas las blancuras 11
en Ella se anidó como una garza, 13
y fue en sus manos un sopor de ovejas 12
y fue lienzo de altar en su garganta. 11
Vibrante, musical y suspendida 10
sobre la tierra, su blancura se alza 12
y va floreando sobre el alto cielo 11
como un arbusto bajo la nevada. 12
Blancura universal, ¡cómo te miro 12
resumida al mirarla! 8
¡El blancor de esos días tercamente lluviosos; 14
las estatuas de mármol recién inauguradas; 14
el estertor de la pechuga exangüe; 12
el ruedo que la mar prende a su falda; 12
la capa voladora del beduino 11
y sus tiendas errantes, palomar del Sahara; 13
los caminos ahogados en la arena; 13
al fondo de los árboles, la pared de una casa; 16
las tumbas escondidas en la noche; 11
el cirio iluminando la mortaja; 12
¡yacente livor del esqueleto 10
que el cincel del gusano cincelara; 12
esas frases inéditas, alargadas de aes, 14
con que los sordomudos desahogan su rabia; 14
las gotas de azahar sobre las bodas, 12
y en la Suprema hora de las ansias, 11
en el instante de aflojar los brazos, 12
aquel blanco en los ojos de la mujer cansada! 15
Blancura universal, ¡cómo te miro 12
resumida, al mirarla! 8
¡El remoto dolor de los pañuelos 11
que aletean de adioses en la playa; 12
las velas de cien barcos bajo el sol, que parece 15
que un gran lirio se hubiera deshojado en la rada; 17
las nubecillas huérfanas que entristecen los cielos 16
con la miseria de su buche de agua; 12
la alegría lustral del primer diente 11
que en la frescura del pezón se clava 12
y en la inquietud de una cabeza negra 13
la aguja cruel de la primera cana; 12
el alba, cuando bajo los rayos del ordeño 14
se amanece de leche la penumbra del ánfora; 16
el pan de trigo antes de entrar al horno; 13
el lecho albar que está estrenando sábanas 15
y la cuerda del patio con la ropa 10
que ponen a secar por la mañana!... 11
Mucho de amargo y mucho de imposible 13
tiene, en verdad, la carne de la Amada; 13
en Ella hay la amargura de esas drogas blanquísimas, 18
y es imposible como el Himalaya. 12
Su carne es la Primera Comunión de la Carne, 15
y tiene lo intocado de las páginas 12
donde no escribió nadie, porque esperan la mano 16
que escriba con su sangre la Primera Palabra. 15
¡Mujer de Nieve, inédita de los llanos polares! 16
¡Mujer de Sal, como la vieja Estatua! 12
Cuando duerme, su rostro 7
se debe confundir con la almohada, 12
y cuando muere la creerán dormida, 10
porque después de muerta no podrá ser más 12
pálida. 3
¡Mujer de Nieve, efigie de la Muerte, 12
Mujer de Sal, Estatua! 7
Si has de venir a mí, ven por la senda 12
más nocturna o más blanca; 8
así te fundirás en el camino 11
y yo no te veré hasta la llegada. 11
Vendrás diciendo una palabra hueca, 12
con muchas aes y la voz muy baja; 9
tus dedos azulados palparán las tinieblas, 14
y un collar de corales, ciñendo tu garganta, 14
suspenderá hasta el vértice 10
de mis presentimientos 7
la evocación de las descabezadas. 12
Mujer de sal, Mujer de Nieve, siento 11
como un largo vahído tu blancura en el alma, 16
y voy a ti como al abismo el ciego, 12
aunque presienta que has de ser mañana, 12
como la Muerte, fría e imposible 11
y como la Mujer de Lot, amarga... 10

Análisis métrico

92 Versos
12.3 Media silábica
1130 Sílabas totales