XXXVII A LA FIRMEZA DEL AMOR
Al pie de una alta haya en dulce avena
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el mantuano Títiro tañía,
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y Amarilis no mas le respondía
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el valle umbroso, que a su voz resuena.
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Cuando un triste zagal, que la cadena
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arrastrado de amor también había,
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por el valle sus cabras conducía
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al lento paso de una amarga pena.
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Oyó al triste pastor y dijo: «En vano
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te dan oído las frondosas ramas,
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y voz la sola y taciturna selva,
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»pues no hay piedad en el amor tirano
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para olvidar, ni aun las difuntas llamas,
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aunque ya en llanto el humo se resuelva».
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Análisis métrico
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Versos
11.6
Media silábica
163
Sílabas totales