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HIMNO A LA TRISTEZA

Autor del poema: Luis Cernuda
Fortalecido estoy contra tu pecho 12
de augusta piedra fría, 7
bajo tus ojos crepusculares, 10
oh madre inmortal. 6
Desengañada alienta en ti mi vida, 13
oyendo en el pausado retiro nocturno 14
ligeramente resbalar las pisadas 12
de los días juveniles, que se alejan 12
apacibles y graves, en la mirada, 11
con una misma luz, compasión y reproche; 12
y van tras ellos, como irisado humo, 12
los sueños creados con mi pensamiento, 11
los hijos del anhelo y la esperanza. 12
La soledad poblé de seres a mi imagen 14
como un dios aburrido; 8
los amé si eran bellos, 8
mi compañía les di cuando me amaron, 12
y ahora como ese mismo dios aislado estoy, 15
inerme y blanco tal una flor cortada. 12
Olvidándome voy en este vago cuerpo, 13
nutrido por la hierbas leves 9
y las brillantes frutas de la tierra, 10
el pan y el vino alados, 8
en mi nocturno lecho a solas. 10
Hijo de tu leche sagrada, 9
el esbelto mancebo 7
hiende con pie inconsciente 8
la escarpada colina, 8
salvando con la mirada en ti 10
el laurel frágil y la espina insidiosa. 13
Al amante aligeras las atónitas horas 15
de su soledad, cuando en desierta estancia 14
la ventana, sobre apacible naturaleza, 15
bajo una luz lejana, 8
ante sus ojos nebulosos traza 11
con renovado encanto verdeante 11
la estampa inconsciente de su dicha perdida. 15
Tú nos devuelves vírgenes las horas 11
del pasado; fuertes bajo el hechizo 12
de tu mirada inmensa, 8
como guerrero intacto 8
en su fuerza desnudo tras de broquel broncíneo, 14
serenos vamos bajo los blancos arcos del futuro. 16
Ellos, los dioses, alguna vez olvidan 12
el tosco hilo de nuestros trabajados días, 13
pero tú, celeste donadora recóndita, 14
nunca los ojos quitas de tus hijos 11
los hombres, por el mal hostigados. 10
Viven y mueren a solas los poetas, 10
restituyendo en claras lágrimas 11
la polvorienta agua salobre, 10
y en alta gloria resplandeciente 10
la esquiva ojeada del magnate henchido, 14
mientras sus nombres suenan 7
con el viento en las rocas, 8
entre el hosco rumor de torrentes oscuros, 14
allá por los espacios donde el hombre 12
nunca puso sus plantas. 7
¿Quién sino tú cuida sus vidas, les da fuerzas 13
para alzar la mirada entre tanta miseria, 15
en la hermosura perdidos ciegamente? 13
¿Quién sino tú, amante y madre eterna? 12
Escucha cómo avanzan las generaciones 14
sobre esta remota tierra misteriosa; 13
marchan hostigados los hombres 9
bajo la yerta sombra de los antepasados, 14
y el cuerpo fatigado se reclina 11
sobre la misma huella tibia 9
de otra carne precipitada en el olvido. 15
Luchan algunos por fijar nuestro anhelo, 13
como si hubiera alguien, más fuerte que nosotros, 15
que tuviera en memoria nuestro olvido; 13
porque dulce será anegarse 10
en un abrazo inmenso, 8
vuelto niebla con luz, agua en la tormenta; 13
grato ha de ser aniquilarse, 10
marchitas en los labios las delirantes voces. 14
Mas todavía hay en mí algo que te reclama 14
conmigo hacia los parques de la muerte 12
para acallar el miedo ante la sombra. 13
¿Dónde floreces tú, como vaga corola 13
henchida del piadoso aroma que te alienta 15
en las nupcias terrenas con los hombres? 11
No eres hiel ni eres pena, sino amor de justicia imposible, 21
tú, la compasión humana de los dioses. 12

Análisis métrico

85 Versos
11.6 Media silábica
984 Sílabas totales